Sin necesidad de ninguna intervención celestial, Robert Francis Prevost, León XIV, 267º jefe de la Iglesia católica, obró un milagro este lunes en el Congreso de los Diputados. Todos los grupos políticos presentes en el hemiciclo -solo faltaban Podemos y BNG- acogieron con aplausos el primer discurso de un papa ante las Cortes españolas. Una rareza en esa casa donde se han impuesto el desplante y el lenguaje bélico. El entusiasmo se desató especialmente entre los diputados de la derecha. Mientras del otro lado del arco político iba decayendo la intensidad de las palmas, los parlamentarios de PP y Vox prolongaron hasta siete minutos la ovación a León XIV entre algunos gritos de “¡viva el Papa!” y “¡viva España!”.
La izquierda subraya su contundencia sobre la inmigración, mientras la derecha no se da por aludida
Sin necesidad de ninguna intervención celestial, Robert Francis Prevost, León XIV, 267º jefe de la Iglesia católica, obró un milagro este lunes en el Congreso de los Diputados. Todos los grupos políticos presentes en el hemiciclo -solo faltaban Podemos y BNG- acogieron con aplausos el primer discurso de un papa ante las Cortes españolas. Una rareza en esa casa donde se han impuesto el desplante y el lenguaje bélico. El entusiasmo se desató especialmente entre los diputados de la derecha. Mientras del otro lado del arco político iba decayendo la intensidad de las palmas, los parlamentarios de PP y Vox prolongaron hasta siete minutos la ovación a León XIV entre algunos gritos de “¡viva el Papa!” y “¡viva España!”.
No importó que el pontífice acabase de emitir una rotunda condena moral a que cualquier persona sea “discriminada por su origen nacional”, en un momento en que los acuerdos de los dos partidos de la derecha estipulan la prioridad de los españoles en el acceso a servicios y ayudas públicas. Ni en público ni en privado ambas formaciones se dieron por aludidas. La izquierda sí reconoció sus diferencias con las palabras del Papa que aludieron al aborto o la eutanasia, pero elogió el “humanismo” del ilustre visitante al hablar de inmigración y de derecho internacional.
“Un discurso histórico compartido y sentido de la A a la Z”, sentenció Alberto Núñez Feijóo. Todo fueron elogios en una breve comparecencia ante la prensa del líder de la oposición, quien no olvidó reseñar que el PP “hunde sus raíces en el humanismo cristiano”. Feijóo solo respondió a una pregunta, la de si se sentía interpelado por el llamamiento del Papa a “desarmar el lenguaje” político. “Me siento interpelado por todo lo que ha dicho”, respondió, antes de lamentar que en España se produzca un “déficit de respeto a las instituciones”. Tanto miembros de la dirección del PP en privado como su portavoz, Borja Sémper, en público, insistieron en que ni en este punto ni en las apelaciones de León XIV a acoger con dignidad a los inmigrantes apreciaron la menor colisión con las posiciones que viene manteniendo ese partido.
Ante diputados y senadores, el pontífice enfatizó su creencia de que “la pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario”. Minutos después compareció ante la prensa Santiago Abascal y en sus primeras palabras aprovechó para deplorar que León XIV hubiese tenido que hablar ante “un Parlamento que sostiene a una mafia corrupta”. Tampoco el líder de Vox admitió que sus posiciones políticas sobre la inmigración choquen con el Papa. “Todos sabemos distinguir lo que es la política de los discursos de la política práctica”, se excusó. Y se aferró a que a él le gustaría aplicar “la política inmigratoria del Estado vaticano, donde quien entra irregularmente con violencia, tiene cárcel”. “O sea, contradicciones, ninguna”, aseguró.
Los diputados de Vox contribuyeron, junto a los del PP, a prolongar los aplausos al discurso hasta completar la ovación más extensa que se ha oído en los últimos años en el Congreso. Sobresalió una llamativa excepción. Carlos H. Quero, el joven dirigente de la formación que luce un pendiente y despliega un discurso obrerista, se paró muy pronto y cruzó ostensiblemente sus dos manos a la altura de la cintura mientras el resto de sus compañeros continuaba agitando palmas incansablemente.
En el bando de la izquierda nadie negó que no podía compartir las referencias de León XIV al aborto, la eutanasia o la educación religiosa. Pero el interés en ese campo político era el contrario: arrimar al Papa a sus postulados. De tal modo que la mayoría de sus portavoces se afanó en resaltar las partes más coincidentes y, a la vez, señalar los contrastes entre León XIV y la derecha. El ministro de la Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, declaró que el Gobierno “está absolutamente alineado” con la defensa que hace el pontífice del derecho internacional y de la necesidad de acoger con dignidad a los inmigrantes. “Hay diferencias, pero respetamos todas las posiciones de la Iglesia”, manifestó. El portavoz del grupo socialista, Patxi López, prefirió fijarse en otro aspecto de la intervención de Prevost: sus llamamientos a rebajar el debate político. Eso le dio pie a, con lenguaje estrictamente eclesiástico, pedir a la oposición “propósito de enmienda”.
En las filas del otro socio del Gobierno, Sumar, algunos diputados salían satisfechos solo a medias. Lamentaban algunas ausencias en el largo discurso de León XIV. Su portavoz, Verónica Barbero, puso nombre a una de ellas: Gaza. También pidió al pontífice, en declaraciones a La Sexta, “respeto” a la legislación española sobre el aborto y la eutanasia. En la parte positiva, la inmigración, que sirvió a Barbero para evidenciar que “la derecha ha aplaudido y dado vivas a un discurso contrario al de ellos”.
Esa ovación en los escaños de la derecha suscitó más comentarios críticos. Entre ellos, los del portavoz de ERC, Gabriel Rufián, quien empleó un término repetido por otros dirigentes, “humanista”, para elogiar el discurso. Rufián dejó su sello más particular en otra frase: “Los tiempos están tan locos que la llegada del fascismo le preocupa más al Papa que a Felipe González”. Fiel al estilo del PNV, su portavoz, Maribel Vaquero, no entró en la batalla de a quién dio más la razón León XIV: “Que tome nota el grupo que tenga que tomar”.
Quien no entró en reacciones políticas fue Junts. Durante la breve recepción en el Salón de Pasos Perdidos, previa al acto en el hemiciclo, su portavoz, Miriam Nogueras, paró durante unos segundos al pontífice para agradecerle que vaya a visitar Cataluña y hablar allí en su lengua propia. Luego se limitó a repetir el mismo mensaje ante la prensa.
Los diputados de EH Bildu asistieron y aplaudieron como todos. Lo hicieron, según su portavoz, Mertxe Aizpurua, por “respeto institucional” y a la “pluralidad” de la sociedad vasca. Por lo demás, Aizpurua estableció las mismas coincidencias y discrepancias que el resto de la izquierda. Podemos, en cambio, persistió en su estrategia de situarse como la más rupturista de todas las izquierdas. No acudió al hemiciclo y su líder, Ione Belarra, compareció para lamentar: “Han convertido el templo de la democracia en una iglesia”.
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