La Oreja de Van Gogh, una banda, dos cantantes y un país dividido

El mayo pasado la historia del pop español alcanzó una nueva dimensión. En su primer concierto con La Oreja de Van Gogh en 19 años, Amaia Montero llegó a un nivel de confesión en público inédito en una estrella del pop nacional. Ocurrió en el escenario del Bizkaia Arena. Este fue su turbador discurso: “Hubo momentos en los que pensé que nunca volvería a pisar un escenario. Estaba perdida, completamente perdida, al punto de no reconocerme. Bajé al mismísimo infierno, y no es una forma de hablar. Hubo demasiados días de oscuridad en los que pensé que todo había terminado para mí… la vida, la música… se habían apagado solas para siempre”. Eligió un tono de voz monótono, con silencios, ausente de pasión en contraste con el mono ajustado de color rosa brillante con el que se vistió.

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Amaia Montero, en el concierto de La Oreja de Van Gogh el 28 de mayo en Movistar Arena de Madrid.   En lugar de pelearnos por ver quién es mejor, Amaia Montero o Leire Martínez, deberíamos presionar para una gira del grupo con las dos compartiendo escenario  

El mayo pasado la historia del pop español alcanzó una nueva dimensión. En su primer concierto con La Oreja de Van Gogh en 19 años, Amaia Montero llegó a un nivel de confesión en público inédito en una estrella del pop nacional. Ocurrió en el escenario del Bizkaia Arena. Este fue su turbador discurso: “Hubo momentos en los que pensé que nunca volvería a pisar un escenario. Estaba perdida, completamente perdida, al punto de no reconocerme. Bajé al mismísimo infierno, y no es una forma de hablar. Hubo demasiados días de oscuridad en los que pensé que todo había terminado para mí… la vida, la música… se habían apagado solas para siempre”. Eligió un tono de voz monótono, con silencios, ausente de pasión en contraste con el mono ajustado de color rosa brillante con el que se vistió.

Todos intuíamos que la cantante vivió en la oscuridad de la depresión, pero dicho en aquel contexto festivo que siempre invade a los conciertos de pop, resultó impactante. Algunos ni se inmutaron y decidieron ser despiadados con aquella actuación. Muchas cuentas de X se llenaron de memes denunciando que Amaia desafinaba, que era una estafa, que les devolviesen el precio de la entrada. Pero ninguno tenía derecho a la devolución, sencillamente porque no pasaron por taquilla: juzgaron las condiciones vocales de la donostiarra por vídeos arrojados a discreción en las redes sociales. Y entonces España se licenció en cultura acústica. A partir de entonces, el mundo se dispondría a contabilizar los desajustes gargantiles de nuestra música. Manolo García, Rosalía, Bunbury, Sabina… Todos pasarían por el detector de gallos. Al final, no fue para tanto: lo único que interesaba a estos agitadores de X era el caso Amaia Montero.

Un mes después, en junio, se vivió un episodio que demuestra la vitalidad de este relato. Leire Martínez, la sustituta de Montero durante 16 años en La Oreja y de la que prescindieron de maneras mejorables, tuvo que suspender una actuación porque no se la escuchaba. Sucedió en el Festival de les Arts, en Valencia. El problema no estaba en la falta de pulmones de la brava vocalista, sino en una limitación de volumen para no alterar el descanso vecinal. Pero la realidad fue la que es: ahí se encontraban una vez más los seguidores de Leire y Amaia, comparando, enfrentando a las dos cantantes.

La historia ya la saben: los cuatro hombres de La Oreja de Van Gogh despidieron a Leire Martínez en 2024 y al año anunciaron la vuelta de Amaia Montero, la voz original, para una gira en 2026, la que se celebra en estos momentos. Después de sopesar la situación, uno de ellos se bajó de esta nueva etapa, el guitarrista y compositor Pablo Benegas, que dedujo que la gira no iba a ser agradable a pesar de los suculentos ingresos que le reportaría. La cosa se puso más interesante con el lanzamiento de la primera canción en solitario de Leire. Se tituló Mi nombre, yahí la cantante aprovechaba para señalar con dedo acusador al que ella responsabiliza de su abrupta salida de La Oreja: “Nunca fui tuya. / Búscate a alguien que me sustituya. / Ya lo hiciste una vez, pero tú ya no podrás esconder más dos caras y un nombre”. Conviene recordar, para tener la foto global, que un grupo no solo lo componen los músicos. Existen un puñado de profesionales con poder para influir: ejecutivos de discográficas, representantes, abogados…

Los pormenores del caso La Oreja saltaron, y de qué manera, a la prensa del corazón, y ahí ya vale todo. Otra ramificación de esta historia hay que buscarla en cuestiones estrictamente artísticas, ya que la polvareda provocada por el cambio de cantantes produjo un extraño efecto de distorsión de la realidad: el cancionero de La Oreja de Van Gogh, el grupo que triunfó en “la España va bien” de Aznar, pareció mejor de lo que recordábamos. Curiosa paradoja para una banda a la que se le impidió tocar en su primer disco “porque no daban el nivel”, según explicó años después el productor de aquel álbum, Alejo Stivel, que debió contratar a músicos de estudio. Amaia fue la única que participó. Los cuatro chicos, eso sí, alentaron a la cantante desde un rincón del estudio de grabación.

Amaia Montero (Irún, 49 años) llegó a la conclusión al inicio de la gira de 2026 de que, por muchos esfuerzos que hiciera, no iba a tener 20 años otra vez. Así que sus conciertos se convierten, noche tras noche, en una conmovedora promoción de su desmoronamiento. Ella no está a tope, su público lo sabe y acude en masa a ayudarla, a prestarle su voz para sacar adelante una nueva fecha.

Leire Martínez (Rentería, 47 años), también embarcada este verano en la gira de presentación de su disco, no necesita ayuda, porque derrocha potencial vocal. Amaia posee la leyenda, el amor sin fisuras del público, aunque le falte fuelle en la capacidad interpretativa, ese que le sobra a Leire, que, sin embargo, carece del aura y de la capacidad de evocar la juventud de miles de personas que transmiten la presencia y las canciones de la etapa Montero. Quizá debieran plantearse una gira de La Oreja de Van Gogh con las dos vocalistas compartiendo escenario. Ahí queda la idea para 2027.

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