En el último año, como millones de espectadores en el mundo, yo también he cambiado mis rutinas: YouTube ha entrado en mi televisor. En casa, seguimos viendo películas en Filmin y series varias, sí, tranquilos, mantenemos la cultura a flote, pero la plataforma de Google ha reformulado la vida de sofá. Sus vídeos aportan ese ruido blanco que cubrían los canales tradicionales, la compañía más cercana, el no pensar, el entretenimiento clásico del hogar. Todo en pantalla grande y con anuncios. Como la tele de siempre, claro, pero con libertad de elección.
La plataforma de Google ha reformulado la vida de sofá. Sus vídeos aportan el ruido blanco que cubrían los canales tradicionales, la compañía más cercana, el no pensar, el entretenimiento clásico del hogar
En el último año, como millones de espectadores en el mundo, yo también he cambiado mis rutinas: YouTube ha entrado en mi televisor. En casa, seguimos viendo películas en Filmin y series varias, sí, tranquilos, mantenemos la cultura a flote, pero la plataforma de Google ha reformulado la vida de sofá. Sus vídeos aportan ese ruido blanco que cubrían los canales tradicionales, la compañía más cercana, el no pensar, el entretenimiento clásico del hogar. Todo en pantalla grande y con anuncios. Como la tele de siempre, claro, pero con libertad de elección.
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