Miles de ciudadanos y opositores rusos mostraron su apoyo este verano a un histórico partido, Yábloko, cuando el Kremlin autorizó su participación en las elecciones legislativas del 18 al 20 de septiembre. Llegó a quedar segundo en las encuestas oficiales. La adhesión masiva a la única formación que reclama poner fin a la guerra contra Ucrania obligó al Kremlin a dar marcha atrás en su decisión. Tras ser vetado en los comicios por el Tribunal Supremo, aún le queda un último recurso en aquel órgano y el Constitucional, pero las perspectivas no son halagüeñas.
El único partido ruso que aboga por un alto el fuego ha sido vetado para las elecciones legislativas de septiembre pese a marchar segundo en las encuestas oficiales
Miles de ciudadanos y opositores rusos mostraron su apoyo este verano a un histórico partido, Yábloko, cuando el Kremlin autorizó su participación en las elecciones legislativas del 18 al 20 de septiembre. Llegó a quedar segundo en las encuestas oficiales. La adhesión masiva a la única formación que reclama poner fin a la guerra contra Ucrania obligó al Kremlin a dar marcha atrás en su decisión. Tras ser vetado en los comicios por el Tribunal Supremo, aún le queda un último recurso en aquel órgano y el Constitucional, pero las perspectivas no son halagüeñas.
Su presidente, Nikolái Rybakov (San Petersburgo, 47 años), recibe a este periódico en su despacho, donde cuelga un cuadro suyo con la inscripción “Gente, no os matéis unos a otros”. En su mano tiene una manzana, la misma que muchos jóvenes que solo han conocido el putinismomostraron en sus redes sociales para pedir un cambio en el país. Yábloko (manzana, en ruso) también es el apellido del hombre que fundó esta formación en 1993 para que no hubiera nunca más una guerra en Rusia.
Pregunta. Han recibido el apoyo de miles de rusos, pero les han vetado en las elecciones. ¿Es una victoria o una derrota?
Respuesta. Será una victoria si logramos que la gente deje de matarse entre sí, pero, sin duda, no es una derrota. Hemos demostrado al mundo cuánta gente en Rusia quiere la paz, cuánta no está de acuerdo con las acciones del Gobierno, cuánta no está de acuerdo con lo que está sucediendo… Nuestro objetivo no es ser una facción de la Duma Estatal, el objetivo es la paz.
Entiendo que para los lectores europeos sea extraño que un partido participe en las elecciones sin que su meta sea tener diputados, sino un cambio en la situación política, pero en Rusia todas las decisiones las toma una sola persona. Así están las cosas ahora. Por lo tanto, nuestro objetivo es hacerle ver a esta persona cuántos rusos quieren la paz, cuántos quieren cambios para mejor y, de este modo, obligarle a cambiar su política. Putin presta mucha atención a la opinión pública. Si gracias a esta campaña electoral un millón de personas se muestra abiertamente a favor del cambio, entonces se verá obligado a llevarlo a cabo.
P. Y ahora, ¿qué? Mencionó en el juicio que tenían un plan b.
R. Lo anunciaremos cuando las autoridades no puedan impedir que lo implementemos. Mientras tanto, continuaremos con nuestra campaña por la paz. Pedimos a la gente que siga publicando sus mensajes y vídeos. Las autoridades esperan que el veto de Yábloko les arrebate su esperanza en el cambio y su fe en que pueden expresar sus opiniones abiertamente. Nuestra meta es la contraria: que no pierdan la fe en sí mismos.
P. ¿Contemplan convocar manifestaciones?
R. No, eso definitivamente no sucederá porque es peligroso para la gente. La policía está yendo a las casas de quienes vinieron a nuestro juicio. Les están intimidando, acosando, por venir a una audiencia pública del Supremo. En Rusia están prohibidas las manifestaciones. Para nosotros no hay nada más importante que la libertad, la seguridad y la salud de estas personas.
P. Su vicepresidente, Lev Shlosberg, ha sido condenado a 11 años de cárcel por “desacreditar” a las autoridades. El independiente Borís Nadezhdin se ha marchado al exilio. ¿Hay espacio para una oposición moderada en Rusia?
R. Todavía existimos y, por lo tanto, existe ese espacio, aunque es evidente que están utilizando métodos ilegales, crueles e inhumanos contra gente con la que se puede razonar. Seis de nuestros compañeros están en prisión, 40 han sido multados y se les ha prohibido participar en elecciones, más de 10 figuran en la lista de agentes extranjeros, incluido el premio Nobel de la Paz Dmitri Murátov. En los 33 años de historia de nuestro partido, seis miembros han sido asesinados por sus convicciones políticas.
Sabemos que es peligroso, pero un millón de personas han manifestado estar dispuestas a votar por Yábloko pese a la censura, las presiones y la intimidación. Incluso las encuestas de la agencia estatal VTsIOM mostraban antes de empezar la campaña electoral que el 18% de los electores consideraría darnos su voto, pese a habernos mostrado a diario en televisión como el enemigo.
P. El Kremlin aprobó la inscripción electoral de Yábloko en un primer momento y luego la anuló. ¿Por qué? ¿Hubo contactos con la Administración?
R. No, no sé qué sucedió. Lo que piensen o hagan las autoridades es asunto de las autoridades; no sabemos qué funcionario fue a qué oficina y dijo qué sobre nosotros a quién. No podemos estar amoldándonos a circunstancias externas. Nuestras posiciones centrales son conocidas desde 1993. Una, escrita desde el principio en nuestro memorando fundacional, ya entonces con el conflicto de Chechenia, es que no debe haber guerras en Rusia. La segunda, relativa a su pregunta sobre convocar protestas, es que los medios para lograr nuestros objetivos no son menos importantes que los objetivos mismos. Todos nos conocen. Somos quienes somos y no hemos cambiado.
P. ¿Está preparado para una escalada en la represión contra usted?
R. Todo es posible, sí. ¿Se puede estar preparado para esto? No lo sé, probablemente no. Pero no se puede vivir pensando en ello constantemente. Seguiremos trabajando.

P. ¿Cómo se puede parar la guerra?
R. Lo más importante ahora es declarar un alto el fuego inmediato para que la gente deje de matarse. Los políticos, que no se matan entre ellos, podrán sentarse a negociar después todo el tiempo que necesiten. Mientras unos se sientan en la mesa de negociaciones, otras mueren: niños, ancianos, soldados, civiles…
P. ¿Yábloko contempla concesiones territoriales o el reconocimiento de la anexión rusa de Crimea?
R. No es necesario discutir sobre esto ahora, lo importante es parar de matarse. Y a cualquiera que hable de esto en Europa, le sugiero que vaya al frente y muera allí, porque mientras algunos hablan de ello, otros mueren por ello. No se resolverá nada mientras la gente siga matándose. Existe la idea errónea de que las partes deben llegar a la mesa de negociación con éxitos militares en el frente. Y tan pronto comienzan los preparativos, se intensifican los combates y el diálogo es interrumpido. Es imposible negociar nada mientras continúen las hostilidades. Todo lo demás se discutirá el tiempo que sea necesario.
Por otro lado, la idea de una posible derrota de Rusia es sumamente peligrosa y perjudicial. Una potencia nuclear no puede ser derrotada, y los intentos de lograr su derrota total conducirán a una guerra nuclear. Y esta será breve y mutuamente destructiva, nadie podrá decir que se equivocó porque no quedará nadie.
P. ¿Nos hemos acostumbrado a convivir con el riesgo de una gran guerra en Europa?
R. ¿Cómo no iba a ser así? Todos los días escuchamos noticias de muertos, y quienes toman decisiones desconfían unos de otros. La gente no cree que pueda haber un conflicto nuclear porque ha pasado demasiado tiempo desde Hiroshima y Nagasaki. Parece un cuento de hadas. Sin embargo, si ocurre una aniquilación mutua total, el planeta se quedará con cucarachas que no sabrán que el presidente Putin existió, dónde estaba la frontera ni quién inició la guerra.
P. Las encuestas muestran que tres de cada cuatro rusos apoyan a su presidente, pero la mayoría están hastiados de la guerra. ¿Podría Putin ponerle fin mañana mismo?
R. Absolutamente. Un rasgo distintivo del presidente Putin es que si decide un alto el fuego, esta decisión será acatada por toda la cúpula dirigente. Que iba a ser aceptada por la sociedad está claro, pero también será aceptada por las autoridades. Por supuesto, hay fuerzas oscuras que quieren que el régimen prosiga la guerra y sea brutal, pero la inmensa mayoría lo apoyará. Por eso es clave que el propio Putin, como político, vea esta demanda de la sociedad, no solo el apoyo ciego a sus decisiones.
P. Para una hipotética transición a la democracia, ¿habrá que llegar a acuerdos con el entorno de Putin, incluso si son criminales de guerra?
R. Para restablecer la paz estamos dispuestos a hablar con cualquiera, ya lo hizo [el fundador del partido] Yablinski con Putin. En cuanto a la democracia, esta no la puede establecer desde dentro la Administración presidencial. Como sucedió con la Perestroika, ese momento llegará de todos modos, desde dentro o desde otros ámbitos. La cuestión es que aquellos que lleguen al poder comprendan por qué han llegado ahí y qué deben hacer con él.
La última vez que la gente creyó en el cambio, vio sus esperanzas frustradas. La gente perdió la fe en la política en los noventa porque quienes llevaron a cabo las reformas no eran demócratas, pero decían serlo porque era popular.
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