Lanzamiento a 117 km/h o atropello: peritos y forenses confrontan sus teorías sobre la muerte de Ana Buza

“El hecho no es compatible con un atropello mortal”, “Con todos los datos objetivos es imposible que Ana pudiera haber saltado del coche en marcha”, “El atropello es absurdo, no tiene ningún rigor científico”, “Descartamos categóricamente la posibilidad del lanzamiento, las lesiones no son compatibles”…. Afirmaciones tan rotundas y tan opuestas son las que llevan dos días escuchando los miembros del jurado que debe dirimir sobre la muerte de Ana Buza, la joven de 19 años que falleció en la carretera el 7 de septiembre de 2019 cuando iba en el asiento trasero del coche que conducía a 117 kilómetros por hora el que entonces era su novio, Rafael V., que ahora se sienta en el banquillo como acusado.

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 Los expertos defienden en dos sesiones maratonianas y en ocasiones broncas sus hipótesis sobre cómo pudo morir la joven sevillana  

“El hecho no es compatible con un atropello mortal”, “Con todos los datos objetivos es imposible que Ana pudiera haber saltado del coche en marcha”, “El atropello es absurdo, no tiene ningún rigor científico”, “Descartamos categóricamente la posibilidad del lanzamiento, las lesiones no son compatibles”…. Afirmaciones tan rotundas y tan opuestas son las que llevan dos días escuchando los miembros del jurado que debe dirimir sobre la muerte de Ana Buza, la joven de 19 años que falleció en la carretera el 7 de septiembre de 2019 cuando iba en el asiento trasero del coche que conducía a 117 kilómetros por hora el que entonces era su novio, Rafael V., que ahora se sienta en el banquillo como acusado.

La acusación particular sostiene que él la atropelló intencionadamente debido a su carácter machista y controlador; la defensa asegura, como en un primer momento concluyeron los informes de la policía judicial y del médico forense, que ella saltó del vehículo en marcha con la intención de quitarse la vida por la mala relación que mantenía con su padre. La Fiscalía cree que estamos ante un homicidio imprudente, pero no comparte la tesis del atropello ni que la chica fuera una víctima de violencia machista.

Entre estas versiones median las leyes de la física y la anatomía, que son las que han esgrimido los peritos del Equipo de Reconstrucción de Accidentes de Tráfico (ERAT) de la Guardia Civil, los profesionales del Instituto de Medicina Legal de Sevilla y los ingenieros y forenses aportados por la acusación. Cálculos y reconstrucciones en las que también han cobrado un papel relevante la mochila que llevaba Ana esa madrugada, sus zapatillas, el estado de la puerta trasera del vehículo o la agenda en la que anotaba cómo se encontraba de ánimos.

En los careos los especialistas han tratado de desacreditar sus respectivas teorías, pero la única conclusión clara es que ninguna de ellas despeja de manera tajante todas las dudas que suscita el caso. Joaquín Lucena, jefe del servicio de Patología forense del Instituto de Medicina Forense de Sevilla, ha explicado perfectamente la tesitura en la que se encuentran los jurados: “Hay que dar una hipótesis a unos hechos complicados y el jurado decidirá si le gusta más la nuestra o no”.

El miércoles intervinieron los responsables del ERAT que realizaron una primera reconstrucción del siniestro en diciembre de 2021 —dos años después del fallecimiento de Ana— y una segunda en junio de 2023, donde se incluyeron elementos como la mochila que llevaba la joven esa madrugada. Los peritos, que se apoyaron en los informes de la policía judicial y de la Guardia Civil de tráfico redactados el 7 de septiembre de 2019, defendieron que el coche circulaba a la altura del kilómetro 511 de la A-4 destino Sevilla cuando en el carril de desaceleración para incorporarse a Carmona, Ana abrió la puerta del vehículo y saltó a una velocidad de 117 kilómetros/ hora, ella tras tocar con el pie derecho en el suelo, sale despedida, impacta contra la bionda, y en un momento determinado, antes de acabar detrás del quitamiedos, roza con su rodilla derecha en el suelo.

Para llegar a esta conclusión se apoyan en las rozaduras del vehículo en el lateral derecho, que dejaron huellas azules —como la pintura de la carrocería— en la valla de seguridad contra la que impactó la joven y también en la mediana central; en las marcas de otra longitud y tamaño en la puerta ―lo que para ellos evidencia que estaba abierta porque la mochila se quedó enganchada cuando Ana saltó para luego salir despedida y caer junto a la mediana— y en las heridas que presentaba el cuerpo de la joven: dos marcas paralelas y en sentido ascendente en la parte posterior de los muslos —que se corresponderían con el impacto en la bionda— y la laceración en su rodilla -que vincularon con un “reguerito rectilíneo” de material orgánico que habría provocado el desgarro de esa articulación y que los agentes de tráfico consignaron en su informe que medía tres metros, pero que la ERAT corrigió a seis.

Esta versión ha sido corroborada un día después por Antonio Rico, el médico del Anatómico Forense de Sevilla que realizó la autopsia a Ana, y por el doctor Lucena, que firmó un segundo, en 2022. Ambos han sostenido que la joven abrió la puerta y que a la hora de saltar del vehículo puso el pie derecho en el suelo -la zapatilla blanca correspondiente a ese pie, que apareció a 14 metros de donde empezaba el reguero rectilíneo, es la única que presenta rozadoras y una marca de desgaste en la puntera, la otra seguía en el pie de la chica cuando la encontraron-, hizo un giro, impactó sobre la bionda, momento en el que se le rompen los dos fémures y se hace las marcas en la parte trasera de los muslos, y fruto de ese impacto se produce un latigazo en el cuello que es lo que le causa la muerte; por la inercia cae al suelo, arrastra la rodilla derecha seis metros, haciéndose también las abrasiones de arrastre que aparecen en varias partes de su cuerpo en esa parte derecha, para impactar a la altura del bazo -lo que le provocó una hemorragia- con uno de los pedestales que sujetan el quitamiedos, y acabar con el cuerpo boca abajo detrás de esa valla protectora.

Los peritos de la acusación han rebatido esta teoría tanto en sus respuestas a las partes y al jurado, como en los careos que han mantenido, respectivamente, al final de estas dos últimas sesiones maratonianas de más de siete horas. Los primeros en hacerlo fueron el ingeniero técnico industrial Antonio Caicedo y el criminólogo Juan José Hellín, este miércoles. Caicedo defendió su teoría de que Ana falleció como consecuencia de un atropello provocado por “una aproximación controlada” del vehículo y que la joven en absoluto pudo saltar del coche. Primero porque, según aseguró, es imposible que pudiera abrir la puerta en marcha, porque a una velocidad de 117 kilómetros por hora, esta tendería a cerrarse, rebatiendo las imágenes del informe de la ERAT en las que se veía a una agente del mismo peso y estatura de la joven abriendo el portón.

“El tipo de coche es distinto, el mantenimiento de los de la Guardia Civil es mejor”, alegó. También cuestionó que la mochila pudiera haber quedado atrapada, permitiendo que la puerta se mantuviera abierta -la explicación de la ERAT para justificar las marcas en esa zona del coche- y llamó la atención sobre cómo las escasas marcas de abrasiones que mostraba el cuerpo de Ana y el hecho de que su ropa, un top blanco fino y unos vaqueros cortos, estuviera intacta no era compatible con las laceraciones y el estado de las prendas que quedan cuando hay un arrastre por el pavimento tras una caída de una moto o una bicicleta. “Descarto de manera científica que Ana hubiera podido salir del coche”, sostuvo.

Este miércoles los expertos en medicina forense aportados por la acusación han utilizado también las lesiones que presentaba Ana para descartar que esta se hubiera podido arrojar del coche. Eduardo Hidalgo, Antonio Hernando, Carles Martín y Enrique Barrero han llamado la atención sobre lo inusual de los suicidios por lanzamiento -el de Ana sería el primero en España- y cómo “el patrón lesivo no es compatible con un lanzamiento en marcha”. Para ello han llamado la atención sobre las laceraciones tan leves que presentaba su cuerpo, incompatibles con una caída a 117 kilómetros y el posterior arrastre, según su experiencia; que no tuviera ninguna fractura craneoencefálica -que es la lesión habitual en los pocos casos documentados de fallecimientos tras lanzarse de un vehículo en marcha-; o que no se hubiera fracturado el tobillo, si lo primero que puso la chica en el suelo fue el pie derecho, como habían coincidido los otros peritos presentados por la Fiscalía.

Tampoco les ha convencido el reguero rectilíneo, cuestionando primero que perteneciera a la joven, puesto que no se analizaron los restos biológicos, y que fuera rectilíneo durante seis metros, puesto que el patrón que siguen estos fluidos suele ser intermitente y más en un accidente de este tipo en los que es muy difícil pensar en una trayectoria tan homogénea. En esta línea han recalcado que, además, la rodilla después de rozar durante ese espacio con el asfalto, estaría en un estado mucho peor que el que indicaban las fotografías.

Para ellos “las lesiones se pueden explicar por un atropello atípico”, “tangencial y oblicuo”, según han defendido los médicos forenses, compartiendo la teoría de Caicedo. Para la mayoría de ellos Ana estaría cerca de la bionda, cuando habría sido alcanzada por la parte lateral del vehículo, quedando atrapada entre el coche y la valla. Es entonces cuando se habría roto los dos fémures y se habría hecho las marcas detrás de los muslos y fruto de ese impacto tan fuerte se le rompería el cuello.

A partir de aquí, eso sí, las hipótesis difieren: Hidalgo y Hernando no explican cómo acaba el cuerpo a varios metros del lugar del supuesto atropello -porque no son expertos en ese ámbito-, pero lo consideran perfectamente compatible con que acabara arrastrando por el suelo; Barrero cree que al romperse el cuello no podría caer hacia adelante y que, por la inercia, Ana habría yacido allí mismo -aunque ha reconocido que ha cambiado la tesis que reflejó en el informe incorporado a la causa- y Hellín defendió que el primer impacto lo recibió la joven con el espejo retrovisor, lo que explicaría una herida en el hombro. Martín también ha cuestionado que en el informe de la autopsia se concluyera que la muerte era compatible con una muerte violenta de patología suicida, a partir de las anotaciones que Rico leyó en la agenda de Ana. “Determinar una etiología suicida es algo complejo que exige de entrevistas con familiares, las personas que la trataran…”.

La teoría del atropello frontolateral fue rebatida el miércoles por los agentes de la ERAT, que consideraron que un atropello a 117 kilómetros por hora hubiera provocado el desmembramiento de las extremidades, y que además no se han encontrado restos biológicos o de fibra que suelen quedar siempre en el caso de atropellos. La misma conclusión que han esgrimido los responsables del Instituto de Medicina Legal esta mañana. “Es absurdo, no tiene ningún rigor científico”, ha sostenido Lucena. Pero este no es un caso normal, como los propios peritos han reconocido. “No estamos ante un accidente al uso”, han reconocido Hernando. El jurado lo sabe y se nota en sus preguntas y en que no paran de tomar notas.

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