Tras un halo de innovación y libertad, los Enhanced Games han buscado conocer cuáles son los límites reales del cuerpo humano. Para ello, como dicen en su propia web, fomentaron el uso “seguro, responsable y clínicamente supervisado” de sustancias que mejoren el rendimiento. En otras palabras: el dopaje estaba permitido. Mediante suculentos premios —250.000 dólares al ganador de cada prueba y hasta un millón por batir un récord mundial—, reclutaron a varias decenas de deportistas para participar en esta especie de circo, algunos de ellos ya sancionados previamente por dopaje.
El autor, doctor en Ciencias de la Salud, recuerda que “alentar el dopaje” hace que la población general subestime los riesgos de su consumo
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
El autor, doctor en Ciencias de la Salud, recuerda que “alentar el dopaje” hace que la población general subestime los riesgos de su consumo

Pedro Valenzuela
Tras un halo de innovación y libertad, los Enhanced Games han buscado conocer cuáles son los límites reales del cuerpo humano. Para ello, como dicen en su propia web, fomentaron el uso “seguro, responsable y clínicamente supervisado” de sustancias que mejoren el rendimiento. En otras palabras: el dopaje estaba permitido. Mediante suculentos premios —250.000 dólares al ganador de cada prueba y hasta un millón por batir un récord mundial—, reclutaron a varias decenas de deportistas para participar en esta especie de circo, algunos de ellos ya sancionados previamente por dopaje.
Este evento no ha tardado en levantar ampollas entre la comunidad científica y sanitaria. Como Fisiólogo del Ejercicio no puedo negar que la idea de conocer los límites de nuestro organismo es atractiva; los Enhanced Games son casi como un experimento viviente. Pero no debemos olvidar que involucra personas que acceden a participar ya sea por motivos económicos o de fama, y que están poniendo en juego su salud.
Disponemos de mucha evidencia que muestra que algunas de las sustancias dopantes más utilizadas por los deportistas son a menudo un arma de doble filo. Uno de los casos más estudiados es el de los anabolizantes, utilizados para aumentar la fuerza y la masa muscular o favorecer la recuperación. Su eficacia está clara, pero sabemos que el corazón —que al fin y al cabo es un músculo más— también responde a los efectos de estos fármacos aumentando su tamaño de forma patológica, lo que disminuye su función y duplica el riesgo de mortalidad prematura. Algo parecido ocurre con otros fármacos como la famosa eritropoyetina o EPO, una de las sustancias dopantes más utilizadas en deportes de resistencia y famosa por los años oscuros del ciclismo. Al aumentar la cantidad de glóbulos rojos, mejora la capacidad para transportar oxígeno, pero lo hace a costa de espesar la sangre, lo que a su vez aumenta el riesgo de trombos y eventos cardíacos, especialmente al hacer ejercicio. Y la lista continúa: estimulantes como las anfetaminas, el famoso clembuterol… ninguno está exento de peligro.
Sin embargo, la principal problemática de estos “Juegos” no es solo el riesgo para la salud de los propios deportistas, quienes contaron con cierta monitorización para evitar eventos trágicos. El verdadero peligro es de salud pública. Normalizar o incluso alentar el dopaje puede hacer que la población general subestime los peligros reales asociados a estas sustancias. Si ya es alarmante el número de deportistas amateur o “gym Bros” que recurren a ellas, imaginemos qué ocurrirá cuando se convierta en el estándar de los nuevos héroes mediáticos. No estamos ante la evolución del deporte, sino ante una peligrosa regresión social.
Pedro Valenzuela es doctor en Ciencias de la Salud. Investigador en fisiología del ejercicio aplicada a la salud y el rendimiento
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