París, Marsella y Estrasburgo viven los primeros altercados de una nueva jornada de protesta en Francia

Las protestas regresaron este sábado a Francia, donde confluyó de nuevo la rabia de estudiantes, parados, chalecos amarillos y funcionarios que lamentan el deterioro de la educación pública y el precio de la vida. A primera hora de la tarde, después de una mañana tranquila, comenzaron las cargas en varias ciudades como Grenoble, Niza, Estrasburgo o Marsella. En París, donde unas 110.000 personas recorrieron la ciudad desde las 14.00 pacíficamente, la policía empezó a disparar gases lacrimógenos y a dispersar a los manifestantes con cañones de agua. El sonido de las granadas aturdidoras, cuando parecía que no iba ocurrir, volvió a retumbar en la ciudad.

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 El Gobierno, que ha prohibido las manifestaciones en la mayoría de ciudades, ha desplegado 70.000 efectivos para evitar nuevos incidentes en la capital, donde también empiezan las tensiones  

Las protestas regresaron este sábado a Francia, donde volvió a confluir la rabia de estudiantes, parados, chalecos amarillos y funcionarios que lamentan el deterioro de la educación pública y el precio de la vida. A primera hora de la tarde, después de una mañana tranquila, comenzaron las cargas en varias ciudades como Grenoble, Niza, Estrasburgo o Marsella. En París, donde unas 110.000 personas recorrieron la ciudad desde las 14.00 pacíficamente, la policía empezó a disparar gases lacrimógenos y a dispersar a los manifestantes con cañones de agua.

Las protestas se intensificaron pasadas las cuatro de la tarde también en otras ciudades, como Lyon o Marsella, donde la policía cargó y lanzó gases lacrimógenos. Hubo incendios, barricadas y lanzamiento de proyectiles por parte de los manifestantes. Mientras varios miles de personas seguían llegando a la plaza de la Porte-d’Aix, en la ciudad mediterránea, punto final de una manifestación que congregó a una multitud, se produjeron los enfrentamientos entre varias decenas de personas y los CRS (antidisturbios de la policía francesa), que están utilizando gases lacrimógenos. En Grenoble, un grupo de manifestantes lanzó proyectiles caseros con morteros a la policía.

El Gobierno había desplegado 70.000 agentes en todo el país, prestando especial atención a París, reforzados por el ejército (no ocurría desde 2019, cuando se produjeron las protestas de los chalecos amarillos). A pesar de que la mañana había sido muy tranquila y los manifestantes habían marchado pacíficamente, a su llegada al final de la manifestación, en la Puerta de Vincennes, comenzaron las cargas y la tensión avivó el peor recuerdo del pasado sábado, cuando ,más de 3.000 comercios fueron saqueados impunemente, edificios públicos, como el Ayuntamiento de Limoges fueron destruidos por las llamas y el ministro del Interior, Laurent Nuñez, tuvo que admitir lo evidente: perdieron el control de la situación, pese a que hubo unos 2.400 detenidos.

El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, advirtió el viernes de que el nivel de amenaza en Francia por las manifestaciones seguía siendo “elevado” por elementos de “ultraizquierda”, tras los disturbios y actos vandálicos registrados hace una semana. “La vigilancia también se centrará en la delincuencia porque aprovecha los disturbios”, alertó Lecornu en Limoges, en el suroeste del país, donde acudió a conocer de primera mano los daños registrados en el incendio del Ayuntamiento de la ciudad el pasado sábado. Ese tipo de violencia, los pillajes y saqueos de comerciantes, a diferencia de la semana pasada, no se habían producido a media tarde.

París era el foco principal de preocupación. Matthieu y Lux. Dos estudiantes de la Sorbona de 23 y 24 años formaban parte de las decenas de miles de manifestantes que se dirigen a la Puerta de Vincennes en una gran marcha que evita el centro de la ciudad. Pancarta contra el jefe del Estado -“Macron, rodarán cabezas”- y Kufiya palestina al cuello, rechazaban la violencia de los últimos días, pero no se dan por vencidos en la calle. “Seguiremos volviendo el tiempo que haga falta. El Gobierno no escucha, solo responde con violencia. Cada sábado nos tendrán aquí”, anunciaban.

La capital, una de las pocas ciudades donde los sindicatos lograron que se autorizara la marcha, cerró 24 estaciones de metro desde las 9.00. Los comercios estaban cerrados a cal y canto y sus propietarios los han vaciado. “Hemos metido la mercancía en una maleta y se la hemos dado a algunos vecinos”, explica Marine, propietaria de una tienda de bisutería a pocos metros de la plaza de la República.

Esta vez el recorrido, decisión del viernes a última hora, fue de la plaza de Italia hasta la puerta de Vincennes y no comenzó en la plaza de Bastilla, como pretendían los organizadores. Un cambio que generó al principio más inseguridad a vecinos, comerciantes y manifestantes, que ya se habían organizado para el recorrido anterior.

Macron se reunió el viernes por la tarde en el Palacio del Elíseo, durante dos horas y media, con una delegación de estudiantes. Fueron 150 minutos estériles, según sus representantes, que a la salida reiteraron que “la movilización constante” es “la única manera de lograr un progreso concreto”. “Nosotros hablamos de la derogación del Parcoursup [procedimiento de acceso a la educación superior], y él responde con una reforma total. Grandes promesas, palabras vacías”, señaló el responsable de la Unión Sindical de Estudiantes de Secundaria, Ryad Rani.

El ministro de Educación, Édouard Geffray, se reunirá de nuevo con los estudiantes el lunes para anunciar otras medidas. Pero las cuentas públicas no permiten grandes filigranas. La agencia de calificación de deuda mantuvo la nota Aa3 a Francia el viernes por la noche con una perspectiva negativa hasta que se aclare la situación de tensión en la calle.

Pero el Banco de Francia modificó hace apenas unos días su previsión de crecimiento para 2026 hasta una horquilla de entre el 0,4% y el 0,5%, muy por debajo del 1% que manejaba a finales de 2025, y elevó su pronóstico de inflación hasta el 2,5% para este año, casi un punto porcentual más de lo calculado meses atrás. La propia entidad admite que esa atonía económica, combinada con el encarecimiento de la deuda, empujará el déficit público al 5,2% del PIB en 2026, una décima más que en 2025. La inflación interanual ya se situó en agosto en el 2,4%, acelerando desde el 2,1% de julio, con una energía que se ha encarecido casi un 17% en el último año.

Un clima de tensión extremo, aunque por ahora, la jornada transcurre en calma. El Ejecutivo temía que los disturbios pudieran alcanzar su máxima expresión hoy en Orleans, la burguesa ciudad de las orillas del Loira donde el ultraderechista Reagrupamiento Nacional (RN) había convocado un congreso para lanzar la candidatura al Elíseo de su líder, Marine Le Pen.

Una cita que atrajo a la ciudad a 130 kilómetros al sur de París a unos 30.000 militantes antifascistas para protestar contra la favorita de los sondeos, que cuenta con ser aclamada por los 10.000 militantes a los que ha dado cita. A las 12.30, según la prefectura había unas 11.000 desfilando en la marcha.

Las autoridades temen que unos 3.000 individuos violentos se mezclen entre los manifestantes y provocen actos violentos, sobre todo el domingo, cuando la Prefectura ha negado la autorización a la manifestación convocada contra el gran mitin de Le Pen. Por ahora, la manifestación de este sábado ha concluido pacíficamente.

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