Primero se abrió entre la niebla El Chava Jiménez, vencedor en el estreno allá por 1999, y después le siguieron Gilberto Simoni (2000), Roberto Heras (2002), Alberto Contador (2008 y 2017), Juanjo Cobo (2011), Kenny Elissonde (2013), Hugh Carthy (2020), Primoz Roglic (2023) y Joao Almeida (2025), pero ahora, tras años de espera e intenso debate sobre las capacidades del pelotón femenino, la suiza Petra Stiasny ha inscrito su nombre en la historia del ciclismo como la primera mujer en ganar en el Angliru.
La catalana, antes duatleta y mediofondista, tumba a Van der Breggen en el colosal puerto asturiano y se enfunda el ‘maillot’ rojo en la etapa final de la ronda española
Primero se abrió entre la niebla El Chava Jiménez, vencedor en el estreno allá por 1999, y después le siguieron Gilberto Simoni (2000), Roberto Heras (2002), Alberto Contador (2008 y 2017), Juanjo Cobo (2011), Kenny Elissonde (2013), Hugh Carthy (2020), Primoz Roglic (2023) y Joao Almeida (2025), pero ahora, tras años de espera e intenso debate sobre las capacidades del pelotón femenino, la suiza Petra Stiasny ha inscrito su nombre en la historia del ciclismo como la primera mujer en ganar en el Angliru.
Los focos, sin embargo, apuntan a la ciclista que cruza la meta pocos segundos después. La catalana Paula Blasi, 23 años de perenne sonrisa, rompe todos los moldes previstos en la primera ascensión del ciclismo femenino al puerto asturiano, uno de los más terribles de Europa. Lo hace, además, para sellar su triunfo en la Vuelta a España, algo que parecía una quimera hace solo unos meses, altamente improbable tras la primavera —victoria en Amstel Gold Race, podio en Flecha Valona y quinta en la Lieja, su primer Monumento— y aventurado incluso hace solo unas horas, cuando, superadas las exigentes rampas de Les Praeres, penúltima etapa de la carrera, la neerlandesa Anna van der Breggen la aventajaba en 18 segundos.
“¿Ganar la Vuelta? Qué va, hombre, ¡este año sería muy loco! Prácticamente imposible, vaya“, aseguraba Blasi a este periódico horas antes de empezar la ronda española. “Mi objetivo es, algún día, ser una ciclista que pueda aspirar a una Vuelta o a un Tour de Francia. Pero creo que para eso aún me queda mucho”, añadía, inocente, quien hasta hace un año ni siquiera era profesional, y que ahora, en su estreno, se acaba de convertir en la primera mujer española en ganar la Vuelta femenina.
No llueve en el Angliru. Ni falta que hace, piensan todas las ciclistas que se retuercen para tratar de vencer al coloso. La despiadada batalla, eso sí, comienza horas antes. Aún bajo la noche cerrada, los autocares del SD Worx y el equipo UAE echan humo. El tiempo apremia para encontrar el mejor desarrollo a las respectivas líderes, Van der Breggen y Blasi. La neerlandesa, que había volado este viernes en Les Praeres con una paella por piñón trasero, monta un monoplato de 46 dientes, con piñón de 52 y transmisión de mountain bike. Blasi, más limitada, ha de conformarse con un plato de 34 dientes y una corona de 36.
Nada importa más que el desarrollo, inquietante fórmula matemática en manos de los mecánicos, para enfrentarse al monstruo final de la Vuelta. A cinco kilómetros de la meta, aún con lo más duro por delante, Van der Breggen agacha la cabeza para hablar con el coche del SD Worx por la radio. Algo no marcha bien. Se constata solo 500 metros después, cuando la francesa Marion Bunel, tercera en la general, agita el avispero y la veterana neerlandesa, líder de la carrera, no responde. Tampoco replica de inicio Blasi, que, puro diésel y cabezota de nacimiento, pronto entra en ebullición para superar a la ciclista gala, más joven y ligera que ella, y buscar la cima con los ojos inyectados en sangre.
No detiene el trance la joven catalana, pura concentración, hasta los últimos metros de la etapa, ya con terreno favorable tras la incesante tortura. Entonces sí, rompe a llorar, manos a una cara aún descubierta, incredulidad pura, infantil, y Van der Breggen jadea medio minuto por detrás. Blasi se sabe vencedora de la Vuelta a España. Su primera grande como ciclista profesional. Por detrás, Usoa Ostolaza alcanza la cima octava, a 1m41s de la ganadora Stiasny. Le sirve a la zarauztarra del Laboral-Kutxa para terminar cuarta en la general de la Vuelta —a 1m42s del podio—, su mejor resultado en una grande. El ciclismo español tiene motivos para sonreír.

“Le tengo unas ganas enormes al Angliru”, advirtió Blasi en EL PAÍS la semana pasada. “Desde el Tour del Porvenir de hace dos temporadas, cuando subimos el Colle delle Finestre, no hacemos un puerto así, y la verdad es que es triste, porque el pelotón femenino se merece mucho más. Queremos puertos más duros, más exigentes. Somos ciclistas profesionales y si no se nos da la oportunidad de demostrarlo, qué sentido tiene todo esto. Es una pena cuando comparas la dureza de las grandes vueltas masculinas con las nuestras. Queremos más”.
Por el momento, su equipo debe recalcular ruta. Blasi está incluida desde enero en la prelista del UAE para el Tour de Francia (del 1 al 9 de agosto), pero no como una de las titulares. Y, como sucede con Paul Seixas en el pelotón masculino, el elefante se ha hecho demasiado grande en la habitación. “A mí me gustaría correr el Tour, me encantaría, pero antes tengo que hablar con el equipo”, indicaba a este periódico la catalana, cuyos planes iniciales tras la Vuelta pasaban por correr Durango, los campeonatos de España, el Tour de Gran Bretaña, la Vuelta a Polonia y los Mundiales de Canadá. “Ahora bien, tenemos algunas bajas en el equipo, así que en el Tour va a haber huecos, lo sé”, concluyó, sonrisa traviesa. “Tendremos que reunirnos y ver qué pasa, pero si me preguntan qué me gustaría hacer, pues es evidente: correr el Tour de Francia”.
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