
El Canal Cocina rinde homenaje a la vida y los alimentos con un programa especial dedicado al Día de Muertos mexicano, cuyo estreno será este sábado 31 de octubre a las 23.00, de la mano de la presentadora Verónica Zumalacárregui. Podrá verse en las principales plataformas de televisión de pago en España: Vodafone, Orange y Prime Video a través de AMC Channels, entre otros.

El episodio se estrena este sábado de la mano de la presentadora Verónica Zumalacárregui, famosa por su programa ‘Me voy a comer el mundo’
El Canal Cocina rinde homenaje a la vida y los alimentos con un programa especial dedicado al Día de Muertos mexicano, cuyo estreno será este sábado 31 de octubre a las 23.00, de la mano de la presentadora Verónica Zumalacárregui. Podrá verse en las principales plataformas de televisión de pago en España: Vodafone, Orange y Prime Video a través de AMC Channels, entre otros.
Para realizarlo, Zumalacárregui viajó a la provincia de Michoacán, en el centro-occidente de México, que es considerada el epicentro del Día de Muertos y el sitio del que se desprende buena parte de su imaginario: cementerios iluminados melancólicamente por las velas, una acumulación barroca de tumbas y cruces de hierro, procesiones, flores naranjas de cempasúchil o flor morada de moco de pavo (la celosia argentea cristata, conocida en España como cresta de gallo) y mucha comida.
Durante la presentación el martes del especial de Canal Cocina en el restaurante Punta Arena, en Madrid, Zumalacárregui (conocida por su trayectoria en el popular programa Me voy a comer el mundo) dijo sentirse muy agradecida con las familias mexicanas que la recibieron en un momento tan íntimo y que hicieron posible una ardua labor de investigación en torno a la comida: el pan de muerto (con un sabor a naranja y una textura similares al roscón de Reyes), las calaveras de azúcar o chocolate, los tamales (bollitos salados o dulces hechos de maíz) y los guisos preferidos de los difuntos.
La periodista madrileña estuvo en lugares de Michoacán como Janitzio o la localidad de Tzintzuntzan, sitios que inspiraron la estética del filme Coco (Disney-Pixar, 2017). El Día de Muertos fue declarado como Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO en 2008. Su iconografía oficial se remonta a la difusión de los grabados de José Guadalupe Posada (1852-1913), autor de La Calavera Garbancera, un dibujo satírico de una Muerte vestida a la usanza de la Europa decimonónica; comerciaba con garbanzo en vez de frijol, rezaba una copla burlona, en alusión a quienes ensalzaban lo europeo sobre la mexicanidad. El pintor Diego Rivera le dio el toque definitivo al rebautizarla como La Catrina, vestirla de aristócrata y pintarla en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1947).

El origen exacto del Día de Muertos se pierde, como tantas otras cosas, en la bruma del tiempo. La historiadora mexicana Elsa Malvido Miranda (1941-2011) lanzó una tesis que tocó las fibras del nacionalismo de su país: la raíz más profunda del Día de Muertos está en las costumbres romanas previas al cristianismo, como los altares y ofrendas que se colocaban a los genii loci (locución latina que significa “espíritus domésticos” o “espíritus del lugar”), así como en la estética medieval de la muerte y el culto a los restos de los santos. A lo que más tarde se sumó una mezcla de 300 años de colonización española con vestigios de la tradición indígena azteca (la adoración al dios de los muertos, Mictlantecuhtli) y el impulso nacionalista del expresidente mexicano Lázaro Cárdenas en la década de 1930. Pero todo esto es accesorio si se considera que esta festividad, convertida en un inmenso capital simbólico para México, tiene un peso que en la actualidad descansa más en las emociones que en la historiografía. Y así es como lo ha entendido Zumalacárregui.
En una de las escenas del programa, se puede ver cómo una mujer joven le dice a la periodista que, mientras colocaban las ofrendas de comida para el familiar fallecido, sintió una presencia a sus espaldas (como una mano que le rozaba el hombro). También hay una imagen muy emotiva de una familia que decora una tumba con globos de colores para un bebé que nació muerto. Esos momentos son los que Zumalacárregui destaca de su experiencia en México: “Como periodista te tienes que mantener un poquito al margen, pero soy muy sensible, me ha costado bastante controlarme en ciertos momentos y hay una de las secuencias del programa en la que me rompo, no pude contener las lágrimas”.

Son tres días los que marcan en buena parte de México la preparación para el Día de Muertos: del 31 de octubre al 2 de noviembre, una triada que coincide con la celebración española de Todos los Santos. Preguntada sobre la acogida del programa especial entre el público español, Zumalacárregui sostuvo que la comida es el puente que une a las culturas y que la audiencia deberá hacer cierto esfuerzo para reconocerse incluso en las diferencias culturales: “Van a tener que hacer un poco un ejercicio de empatía porque la muerte en España es algo más oscuro, más lúgubre, y creo que entender que al muerto a veces se le venera con una fiesta puede resultar chocante. Espero que el programa acerque esta mentalidad a los españoles. Me parece precioso creer que al menos una vez al año tus difuntos vienen a visitarte y que les rindes homenaje haciéndoles su plato preferido… me parece una manera tan preciosa de recordarles”.
Televisión en EL PAÍS
