Pilar Mañé: para cuando no estéis a la altura de vosotros mismos

Lo peor es siempre cuando se hunden los sentimientos. Lo peor es cuando la sangre no nos deja ver. Todos tenemos dos empresas fundamentales. Cada cual a su manera. Pero dos. La empresa de por fuera y la empresa de por dentro. En la empresa de por fuera las cosas nunca son fáciles pero es más inmediato recordar que no podrás tomar buenas decisiones con la inteligencia nublada. En la empresa de por dentro, todo es dulce si las cosas funcionan, y es tu fortaleza, pero cuando hay problemas, y problemas graves, lo racional se hunde con los sentimientos y sólo hay naufragio.Decimos «familias» porque es la parte trascendente, moral, emocional, por el vínculo afectivo. Pero son empresas; y tú y tu mujer -o viceversa- sois socios en la gran empresa de vuestra vida, que no es sólo educar y mantener a vuestros hijos sino ser el fundamento de su autoestima y de su esperanza. Para que puedan ir por el mundo sin que los pisoteen, sin que los humillen, sin sentir que no son nada; y tengan en cambio el empuje para imaginar propósitos ambiciosos y la fuerza para darles forma. Los sentimientos son importantes, son imprescindibles, y sentirse querido es la base de cualquier logro. Pero no basta que tu padre o tu madre te quieran, basta que la empresa -la familia- sea sólida, y que esté por encima de cualquier desventura, incluso del fracaso del matrimonio. Que tu matrimonio fracase no significa que tenga que fracasar tu familia. Tu esposo y tú -o al revés- podéis no entenderos y buscar formas de convivencia más llevaderas, pero no podéis es pelear ni dejar de estar unidos en lo fundamental, y no ser lo suficientemente generosos como para mantener una relación amorosa -con o sin sexo- para que la estructura de la familia, es decir, de la emrpesa, continúe funcionando y sirviendo a su gran objetivo.Pilar Mañé es vuestro asidero si un día os encontráis al borde del precipicio.Noticia relacionada opinion No No Estos 60 millones son nuestros Salvador SostresLo mejor es una sola abogada para los dos, porque cuando baje la marea y miréis a la cara de vuestros hijos, recordaréis que no os queríais hacer daño. Una sola abogada y que sea Pilar Mañé, porque ella os ayudará a que la razón prevalezca, a desinfectar la herida y a que las curaciones surtan su efecto. Ni es la abogada más cara de la ciudad ni está cerca de serlo. Su objetivo no es alargar los procesos para sangrar a sus clientes sino facilitar acuerdos justos porque su trabajo es su pasión, y su sentido del honor se basa en hacerlo bien, que entre otras cosas significa que sus clientes padezcan lo menos posible, y sobre todo sus hijos.Pilar Mañé os calmará, tal vez en aquel momento no os guste lo que os diga (a ninguno de los dos), tal vez os ponga ante espejos poco complacientes, pero alguien tiene que hacerse cargo de que la empresa resista cuando los socios enloquecieron y no se dan cuenta de que la están a punto de destruir y de forma irreversible. La mayoría de abogados te mandará a la guerra, incendiará tu parte dolida, te presentará estrategias para amasar más o para dañar a la otra parte. En tu delirio tal vez pienses que está defendiendo tus intereses, pero sólo está defendiendo su dinero, y lo está defendiendo contra tu dignidad. Dicho al revés: tú crees que tienes razón, y yo te entiendo. Probablemente él también crea tener sus razones, pero imaginemos que no. Imaginemos que sólo tú estás en lo cierto, en el imposible 100% de lo cierto. ¿Crees que esto es lo importante? ¿A quién crees que le vas a cobrar la razón que tienes? ¿Quién crees que va a pagarla, y con qué especias? Shakespeare siempre es útil, lee El mercader de Venecia. Una libra de carne. Y será la carne de tus hijos.Es importante saber utilizar lo que sabemos, y ponerlo en relación, pero es todavía más importante saber lo que no sabemos y darnos cuenta de cuándo estamos fuera de control. Parar un poco, y preguntar, y dejarse ayudar, es entonces la mayor demostración de madurez e inteligencia; en lugar de dejarse llevar por la rabia y la venganza, que aunque tú proyectes contra tu cónyuge acaba siempre repercutiendo en la autoestima herida y la inseguridad de tus hijos. Aunque no os lo digan, aunque ni siquiera ellos sean conscientes, ésta es la pregunta que en su interior se hacen: «Si yo como hijo no he servido ni para que mis padres hagan el esfuerzo de mantener la familia unida, ¿para qué sirvo?». Y tiene todo el sentido, y es normal que si vosotros, que sois sus padres, y quienes más tenéis que quererlos, los abandonáis como propósito de vuestra familia/empresa, él crezca pensando que siempre será abandonado. Y en este pozo de la desilusión y del desánimo, las drogas, los tatuajes y las malas compañías se presentan como subterfugios que alivian la tristeza. Vivimos vidas de imperfección. La misma vanidad y ego que nos sirven para ser creativos y fértiles en las empresas de por fuera, nos pueden llevar al fracaso en las empresas de dentro. Estamos hechos de extrañas fibras y de reacciones imprevisibles. Éste es nuestro encanto y a veces nuestra tragedia. No podemos pretender que todo vamos a hacerlo bien, ni que tomaremos siempre las decisiones acertadas y justas. Y no sólo no podemos pretenderlo sino que es nuestro deber asumir que no será siempre así, y tener un mecanismos previstos para cuando suceda. Pilar Mañé es vuestro mecanismo para cuando no estéis a la altura de vuestra empresa, ni de vuestros hijos. Vuestro recurso para no decir más palabras de las que se puedan olvidar, ni haceros más daño del que se pueda perdonar, se llama Pilar Mañé. También es vuestra solución para que no vayan las hienas tamboreras -y estad seguros de que llegan- a beber hasta la última gota de sangre de vuestra pelea. De vez en cuando la vida nos pone a prueba y no es que deseemos que estos desafíos lleguen, porque suelen ser muy dolorosos, pero medimos nuestra humanidad en cómo tratamos de resolverlos. Pilar Mañé te recordará en el momento que lo necesites que para querer a vuestros hijos tanto como decís, tendréis que aprender a ser un poco más generosos y un poco menos presumidos. Lo peor es siempre cuando se hunden los sentimientos. Lo peor es cuando la sangre no nos deja ver. Todos tenemos dos empresas fundamentales. Cada cual a su manera. Pero dos. La empresa de por fuera y la empresa de por dentro. En la empresa de por fuera las cosas nunca son fáciles pero es más inmediato recordar que no podrás tomar buenas decisiones con la inteligencia nublada. En la empresa de por dentro, todo es dulce si las cosas funcionan, y es tu fortaleza, pero cuando hay problemas, y problemas graves, lo racional se hunde con los sentimientos y sólo hay naufragio.Decimos «familias» porque es la parte trascendente, moral, emocional, por el vínculo afectivo. Pero son empresas; y tú y tu mujer -o viceversa- sois socios en la gran empresa de vuestra vida, que no es sólo educar y mantener a vuestros hijos sino ser el fundamento de su autoestima y de su esperanza. Para que puedan ir por el mundo sin que los pisoteen, sin que los humillen, sin sentir que no son nada; y tengan en cambio el empuje para imaginar propósitos ambiciosos y la fuerza para darles forma. Los sentimientos son importantes, son imprescindibles, y sentirse querido es la base de cualquier logro. Pero no basta que tu padre o tu madre te quieran, basta que la empresa -la familia- sea sólida, y que esté por encima de cualquier desventura, incluso del fracaso del matrimonio. Que tu matrimonio fracase no significa que tenga que fracasar tu familia. Tu esposo y tú -o al revés- podéis no entenderos y buscar formas de convivencia más llevaderas, pero no podéis es pelear ni dejar de estar unidos en lo fundamental, y no ser lo suficientemente generosos como para mantener una relación amorosa -con o sin sexo- para que la estructura de la familia, es decir, de la emrpesa, continúe funcionando y sirviendo a su gran objetivo.Pilar Mañé es vuestro asidero si un día os encontráis al borde del precipicio.Noticia relacionada opinion No No Estos 60 millones son nuestros Salvador SostresLo mejor es una sola abogada para los dos, porque cuando baje la marea y miréis a la cara de vuestros hijos, recordaréis que no os queríais hacer daño. Una sola abogada y que sea Pilar Mañé, porque ella os ayudará a que la razón prevalezca, a desinfectar la herida y a que las curaciones surtan su efecto. Ni es la abogada más cara de la ciudad ni está cerca de serlo. Su objetivo no es alargar los procesos para sangrar a sus clientes sino facilitar acuerdos justos porque su trabajo es su pasión, y su sentido del honor se basa en hacerlo bien, que entre otras cosas significa que sus clientes padezcan lo menos posible, y sobre todo sus hijos.Pilar Mañé os calmará, tal vez en aquel momento no os guste lo que os diga (a ninguno de los dos), tal vez os ponga ante espejos poco complacientes, pero alguien tiene que hacerse cargo de que la empresa resista cuando los socios enloquecieron y no se dan cuenta de que la están a punto de destruir y de forma irreversible. La mayoría de abogados te mandará a la guerra, incendiará tu parte dolida, te presentará estrategias para amasar más o para dañar a la otra parte. En tu delirio tal vez pienses que está defendiendo tus intereses, pero sólo está defendiendo su dinero, y lo está defendiendo contra tu dignidad. Dicho al revés: tú crees que tienes razón, y yo te entiendo. Probablemente él también crea tener sus razones, pero imaginemos que no. Imaginemos que sólo tú estás en lo cierto, en el imposible 100% de lo cierto. ¿Crees que esto es lo importante? ¿A quién crees que le vas a cobrar la razón que tienes? ¿Quién crees que va a pagarla, y con qué especias? Shakespeare siempre es útil, lee El mercader de Venecia. Una libra de carne. Y será la carne de tus hijos.Es importante saber utilizar lo que sabemos, y ponerlo en relación, pero es todavía más importante saber lo que no sabemos y darnos cuenta de cuándo estamos fuera de control. Parar un poco, y preguntar, y dejarse ayudar, es entonces la mayor demostración de madurez e inteligencia; en lugar de dejarse llevar por la rabia y la venganza, que aunque tú proyectes contra tu cónyuge acaba siempre repercutiendo en la autoestima herida y la inseguridad de tus hijos. Aunque no os lo digan, aunque ni siquiera ellos sean conscientes, ésta es la pregunta que en su interior se hacen: «Si yo como hijo no he servido ni para que mis padres hagan el esfuerzo de mantener la familia unida, ¿para qué sirvo?». Y tiene todo el sentido, y es normal que si vosotros, que sois sus padres, y quienes más tenéis que quererlos, los abandonáis como propósito de vuestra familia/empresa, él crezca pensando que siempre será abandonado. Y en este pozo de la desilusión y del desánimo, las drogas, los tatuajes y las malas compañías se presentan como subterfugios que alivian la tristeza. Vivimos vidas de imperfección. La misma vanidad y ego que nos sirven para ser creativos y fértiles en las empresas de por fuera, nos pueden llevar al fracaso en las empresas de dentro. Estamos hechos de extrañas fibras y de reacciones imprevisibles. Éste es nuestro encanto y a veces nuestra tragedia. No podemos pretender que todo vamos a hacerlo bien, ni que tomaremos siempre las decisiones acertadas y justas. Y no sólo no podemos pretenderlo sino que es nuestro deber asumir que no será siempre así, y tener un mecanismos previstos para cuando suceda. Pilar Mañé es vuestro mecanismo para cuando no estéis a la altura de vuestra empresa, ni de vuestros hijos. Vuestro recurso para no decir más palabras de las que se puedan olvidar, ni haceros más daño del que se pueda perdonar, se llama Pilar Mañé. También es vuestra solución para que no vayan las hienas tamboreras -y estad seguros de que llegan- a beber hasta la última gota de sangre de vuestra pelea. De vez en cuando la vida nos pone a prueba y no es que deseemos que estos desafíos lleguen, porque suelen ser muy dolorosos, pero medimos nuestra humanidad en cómo tratamos de resolverlos. Pilar Mañé te recordará en el momento que lo necesites que para querer a vuestros hijos tanto como decís, tendréis que aprender a ser un poco más generosos y un poco menos presumidos.  

Lo peor es siempre cuando se hunden los sentimientos. Lo peor es cuando la sangre no nos deja ver. Todos tenemos dos empresas fundamentales. Cada cual a su manera. Pero dos. La empresa de por fuera y la empresa de por dentro. En la empresa … de por fuera las cosas nunca son fáciles pero es más inmediato recordar que no podrás tomar buenas decisiones con la inteligencia nublada. En la empresa de por dentro, todo es dulce si las cosas funcionan, y es tu fortaleza, pero cuando hay problemas, y problemas graves, lo racional se hunde con los sentimientos y sólo hay naufragio.

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