Édouard Philippe: “Francia es hoy más débil económicamente y la sociedad es más violenta y crispada”

Francia atraviesa uno de los periodos más convulsos de las últimas décadas. Tras diez años de macronismo, el país se asoma a un fin de reinado donde convergen una crisis económica, social, cultural e identitaria. El presidente de la República fue elegido en 2017 para frenar a los extremos y crear un gran espacio de centro. Una década después, a las puertas de unos comicios cruciales la próxima primavera, la ultraderecha está más cerca que nunca del Palacio del Elíseo y ese espacio de moderación ha perdido todo su sex appeal político. La música de fondo señala desde hace meses a una sola persona capaz de encarnar el antídoto al veneno populista.

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Edouard Philippe fotografiado en su despacho durante la entrevista con el periodista de EL PAÍS Daniel Verdú. Edouard Philippe fotografiado en su despacho al termino de la entrevista con El Pais. El ex primer ministro, principal candidato del centroderecha para disputarle a Marine Le Pen una segunda vuelta en las presidenciales de primavera, propone firmeza con la inmigración, grandes reformas económicas y reinstaurar el servicio militar  

Francia atraviesa uno de los periodos más convulsos de las últimas décadas. Tras diez años de macronismo, el país se asoma a un fin de reinado donde convergen una crisis económica, social, cultural e identitaria. El presidente de la República fue elegido en 2017 para frenar a los extremos y crear un gran espacio de centro. Una década después, a las puertas de unos comicios cruciales la próxima primavera, la ultraderecha está más cerca que nunca del Palacio del Elíseo y ese espacio de moderación ha perdido todo su sex appeal político. La música de fondo señala desde hace meses a una sola persona capaz de encarnar el antídoto al veneno populista.

Édouard Philippe (Rouen, 1970) fue durante tres años y dos meses el primer ministro del presidente Emmanuel Macron. Y lo fue, señala la opinión más extendida, hasta que el jefe del Estado se sintió amenazado por su popularidad, y decidió renovar el Ejecutivo. Hasta entonces, Francia había comenzado una senda de reformas y se había mantenido en los parámetros económicos europeos. Pero ocurrieron muchas cosas. Especialmente una pandemia, que disparó el gasto, y dos guerras que desestabilizaron el tablero global.

Philippe, candidato a la presidencia, recibe a EL PAÍS en su despacho en el centro de París en vísperas de su intervención en el WIP —el foro internacional de reflexión y debate sobre los grandes desafíos globales que organizan PRISA, EL PAÍS y la Cadena SER— con el también ex primer ministro Matteo Renzi. Encima de la mesa tiene un sable plateado recuerdo del servicio militar. “Fui la última generación que hizo el servicio militar”.

P. ¿Usted reinstaurará la mili?

R. Sí, pero muy diferente. En mi época había 400.000 chicos por generación y 250.000 hacían el servicio. Ahora necesitamos solo a unos 50.000 que puedan ser reclutados si hace falta. Todo el mundo hará un servicio nacional, pero habrá uno militar y otro civil: sanitario, educativo…

P. Esos jóvenes, en todo caso, están hoy en la calle protestando por la educación y el coste de la vida en una revuelta que dura ya semanas. ¿Qué pasa en Francia?

R. El carácter turbulento de la vida social y política de Francia siempre impacta desde el exterior. El historiador Michel Binoche lo llamaba “fiebre hexagonal”. Cada cierto tiempo se traduce en movimientos sociales intensos, a veces violentos. El 17 y el 18 de octubre hubo una movilización de estudiantes y sindicatos que provocó escenas de violencia y pillaje impactantes…

P. De una violencia inusitada incluso para Francia.

R. En 2023 hubo revueltas urbanas. En 2018 estuvieron los chalecos amarillos… Pero esta vez fue extremadamente violento porque no se supo anticipar y organizar la respuesta. La debilidad del Estado durante esos dos días fue igualmente inaceptable. El último fin de semana, fue más fuerte y el orden se restableció. Pero es justo señalar que no somos los únicos en Europa: en Italia ha habido escenas comparables en Milán o Bolonia.

P. ¿Cómo cree que hay que afrontarlo?

R. Hay que establecer el orden y dar respuesta política a las reivindicaciones de los estudiantes. Algunas son legítimas. Pero hay una ultraizquierda y vándalos que se aprovechan de la situación, atacan la acción de gobierno y de la policía o utilizan el momento para delinquir. Pero no se puede afrontar una movilización estudiantil sin respuestas políticas.

P. Es sorprendente también que una protesta de este tipo no responda a una reforma o se produzca poco antes de unas elecciones. Invita a pensar en un fin de reinado, algo que escapa a la lógica de luchas particulares.

R. Se produce en frío, sí. Francia, desde 2024, carece de una mayoría en el Parlamento, algo sin precedentes en la V República. Y eso impide tomar ninguna gran decisión o realizar una reforma estructural. Desde hace dos años y medio gestionamos la mala situación de nuestras finanzas públicas sin poder solucionar el problema. Y eso crea una atmósfera nociva en el país.

P. Usted pidió hace unos meses la dimisión de Macron y recibió fuertes críticas de casi todos los sectores.

R. Dije que le honraría organizar unas elecciones presidenciales anticipadas. La ausencia de mayoría que atravesamos fue resultado de una apuesta que hizo sin que nadie le obligase. Perdió y la situación se volvió ingobernable. Por eso dije que le honraría asumir las consecuencias. Un año después, no sé si esas críticas seguirían siendo tan fuertes.

P. No parece que el siguiente presidente vaya a poder solucionarlo a corto plazo.

R. No estoy de acuerdo. El próximo presidente, sea quien sea, procederá a la disolución de la Asamblea Nacional y obtendrá una mayoría absoluta. Cada vez que un presidente ha sido elegido después de una campaña clara, la obtuvo. Los dos únicos casos fueron en 1988 con Mitterand, y en 2022, Macron. Pero las dos veces fueron una reelección en campañas blandas, sin proyecto.

P. Entonces dos grandes partidos se repartían el hemiciclo. Eso ha cambiado mucho.

R. Hoy hay una tripartición, pero ya ocurría en 2017. Mi intuición es que el próximo presidente tendrá mayoría absoluta. Francia es difícil de gobernar, pero ¿quién puede decir que no lo sean Italia, Alemania o España?

P. Macron llegó en 2018 para construir un gran especio de centro que frenaría los extremos. Nueve años después, esos polos nunca habían sido tan fuertes.

R. Eso es algo que ocurre también en otros países como Alemania, España…

P. En España el centroizquierda y el centroderecha siguen siendo mayoritarios. Todavía no se han impuesto los extremos.

R. Pero la polarización del debate político es mucho mayor hoy que hace 20 años. Y es verdad también que los diez años que Macron ha pasado en el Elíseo han tenido periodos distintos: la primera parte fue un periodo de reformas…

P. Cuando usted era primer ministro.

R. Sí. Hubo reducción del déficit, del paro. Fue un periodo de política económica de la oferta destinada a que las empresas produjeran más. Hubo reformas para transformar el mercado laboral, las pensiones, la educación… No se hizo todo bien, pero hubo resultados excepcionales. El déficit solo ha sido inferior al 3% en dos de los últimos 20 años: cuando yo era primer ministro. Luego se perdieron la coherencia y la constancia y hoy la situación es mala y más complicada. Francia es más débil económicamente, presupuestariamente, y la sociedad está más crispada y es más violenta.

P. Los sondeos dicen hoy que Marine Le Pen estará en la segunda vuelta y usted y Jean-Luc Mélenchon se disputan el otro puesto. Dicen también que si gana él, Le Pen arrasará. ¿Cómo convencerá de esa idea al resto de candidatos de centroderecha para formar una sola candidatura?

R. La derecha y el centro tienen que juntarse para ganar y gobernar. Mi objetivo es unirlos y crear una dinámica que permita agregar fuerzas de centroizquierda cuando sea necesario. Así ha sido siempre.

P. Hay al menos cuatro candidatos que compiten por liderar ese espacio.

R. Entre noviembre y febrero algunos se darán cuenta, por un principio de realidad, que no tienen posibilidades de estar en la segunda vuelta y ganar. Cuando estás al 4% en diciembre, puedes esperar subir al 8%, pero no al 20%. Apelo al sentido de la responsabilidad de los candidatos de centro y de derecha para tomar buenas decisiones de aquí a febrero. Pero si eso no ocurriera, los electores, en la recta final, votarán a quien tenga más posibilidades de estar en la segunda vuelta. Es lo que pasó en 2022, cuando una gran parte votó a Macron solo porque tenía más posibilidades de pasar a la segunda vuelta y ganar. Es un voto útil y estratégico. Y todos deben ser conscientes de que volverá a pasar.

P. Parece un mensaje a sus competidores: si queréis algo conmigo, mejor ahora, porque terminaré ganando.

R. No, yo me pongo en el mismo plano que ellos de momento.

P. ¿Y unas primarias?

R. El inconveniente de las primarias es que llevan a todos a insistir sobre las diferencias, y no sobre lo que tenemos en común. En estas circunstancias, no son un buen instrumento de regulación.

P. ¿Usted aceptaría pactar con Marine Le Pen, como hace el centroderecha en España con Vox?

R. Nunca. Su programa económico es delirante, su política exterior es peligrosa. Respeto a sus electores y a sus cargos. Pero nunca trabajaré con ellos. Mis valores y los suyos son de naturaleza distinta.

P. ¿Cómo se explica que un partido fundado por excolaboracionistas, gente próxima a las SS y que intentaron atentar contra el general De Gaulle estén hoy tan cerca del Elíseo?

R. No me lo explico. Insistimos demasiado poco en las cuestiones de fondo. Es extravagante que el RN (Reagrupamiento Nacional) hoy se proclame gaullista cuando fue fundado por gente que se oponían a la política en Argelia del general, a su persona…

P. ¿Por qué el RN, fundado por Jean-Marie Le Pen, condenado una decena de veces por delitos de odio, pasa hoy por ser el garante de la lucha contra el antisemitismo?

R. Tampoco me lo explico. Ha habido un gran cambio en una parte de la comunidad judía que ve en el RN una voluntad declarada de luchar contra el islamismo político, lo que puedo entender, y contra el islam, cosa que no puedo compartir. No hay que olvidar las raíces de la ultraderecha francesa. Pero es verdad que esa comunidad pudo constatar también como en izquierda nacía una nueva forma de antisemitismo.

P. El enemigo común parece el islam.

R. Hay muchos franceses de confesión judía que piensan que tienen en el islam un adversario. Yo creo que el islam es perfectamente compatible con la República, pero el islamismo político debe ser combatido con gran vigor y determinación.

P. Usted fue primer ministro más de tres años con Macron. ¿Cómo hará para separarse de aquel periodo como candidato?

R. Fui primer ministro en una época en la que se hacían reformas ambiciosas que produjeron resultados, porque las hacía yo. Pero ese espíritu se perdió. Yo hoy propongo lo que propuse entonces. El aprendizaje es la vía para acceder al empleo y debe desarrollarse; política de oferta y crecimiento, crear prosperidad; regular la cuestión de las pensiones…

P. A pesar de ello, otros países como España, Grecia o Portugal hicieron más y hoy se encuentran mejor que Francia.

R. Grecia, Portugal o España estaban en una situación muy distinta. Sufrieron una crisis financiera grave, y tuvieron que hacer ajustes por la presión exterior. Francia no está ahí. La cuestión es saber si habrá que hacerlo. Y mi sentimiento es que si no actuamos rápidamente, nos enfrentaremos a una crisis financiera.

P. Usted qué propone.

R. Una reforma de las pensiones extremadamente ambiciosa con equilibrio de los sistemas de repartición, edad legal de jubilación a 65 años y la duración de la cotización mínima en 45 años. No renovar a un funcionario sobre tres de los que se jubilan: 250.000 puestos menos. La reducción del gasto social en términos de paro, exceso de las bajas por enfermedad… Reorganización servicios para suprimir agencias que operan en nombre del estado y una política de crecimiento que hará entrar más dinero en las cajas.

P. El tema de las pensiones es muy impopular.

R. Sí, pero es una realidad. Todos los gobiernos de Europa, sean de izquierdas o de derechas, han arreglado esta cuestión. Los socialdemócratas lo han hecho, la derecha lo ha hecho, Meloni no ha revisado el sistema pese a haberlo combatido. La demografía manda. Vivimos más, debemos trabajar más. Es impopular, pero hay que decir la verdad.

P. Los problemas que vive Francia en sus banlieues, la desigualdad creciente o asuntos como el atentado racista hace diez días subrayan un fracaso del sistema de integración.

R. La integración de la población extranjera y sus hijos en Francia ha sido difícil. Hay que trabajar mucho en ello, disminuir el flujo y ser más ambicioso en la integración de esas personas y sus hijos, que son ciudadanos franceses, pero no siempre encuentran su lugar en la nación francesa.

P. ¿Reduciría los derechos de quienes llegan a Francia?

R. Hay que concentrarse en una inmigración de trabajo, con cuotas para los sectores más necesitados. Hay que asumir que seguiremos necesitando trabajadores extranjeros, pero hay que elegirlos. También seguiremos acogiendo estudiantes, pero con exigencias. En cambio, debemos restringir el derecho a venir a Francia por motivos de reagrupamiento familiar, relativos a la aplicación de tratados como el de 1968 con Argelia, que prevé que un argelino que ha estado diez años de forma irregular en Francia tenga un permiso de residencia. Hay que mejorar nuestros procesos de petición de asilo. También aplicar políticas europeas más efectivas en las fronteras y en materia de regularización.

P. ¿No comparte la regularización que hizo Pedro Sánchez?

R. También lo hizo Meloni. Y es algo que tiene consecuencias para los demás países. Debemos coordinar mejor nuestras políticas. La regularización masiva es siempre una incitación a la inmigración irregular. Las reglas europeas deben limitar la posibilidad de un país a hacer ese tipo iniciativas.

P. ¿Usted cree que la identidad francesa está amenazada por la inmigración?

R. No creo que esté en peligro. Pero sí, en cambio, los servicios públicos, la seguridad y la capacidad de integración.

P. La Francia Insumisa (LFI) de Mélenchon, en cambio, se ha volcado en ese espectro de población, muchas veces musulmana y de origen africano, y en las periferias de las ciudades. Ahí el centro y la derecha tienen poco que hacer.

R. Tampoco sería una novedad que el voto obrero o de los barrios pobres esté más inclinado a la izquierda. Pero es más complicado. En Le Havre [Philippe es el alcade de este municipio], una ciudad obrera y pobre, ellos sacan menos del 5%. Pero es verdad que la base electoral que han construido es muy fuerte en la banlieue; también en las categorías intelectuales bien formada superiormente, pero económicamente degradada. Es una alianza entre los bo-bo [burgueses-bohemios] y esos barrios.

P. ¿Cree que las elecciones francesas también está en juego el futuro de la UE?.

R. Sí, desde luego. Mélenchon y Le Pen quieren cuestionar esa idea de Europa. Ella ya no dice que quiera salir de la UE, pero propone cosas que la rompen. Y lo mismo ocurre con LFI. Soy profundamente europeísta y una gran parte de la soberanía francesa se juega a esa escala. El espacio de paz y prosperidad debe ampliarse. Pero también soy muy crítico con el funcionamiento de la Comisión, con la debilidad de las ambiciones europeas o con la lentitud de las reacciones ante el imperialismo americano y la competencia china.

P. Francia y Alemania, antiguas locomotoras, no pasan por su mejor momento.

R. El futuro depende de la calidad de la discusión entre ambos países. Si Francia y Alemania no se entienden, no pasará gran cosa en Europa. Y hoy lo que observamos son cada vez más divergencias. Europa sigue siendo el mayor mercado del mundo y el más rico. Y hay que defenderlo y desarrollarlo. Por eso el acuerdo que firmó Ursula Von der Leyen con Trump fue una vergüenza.

P. ¿Cree que si Le Pen llegase al poder se adaptaría como Meloni?

R. Meloni ha elegido Europa, eso está claro. Se puede criticar lo que hace o su ideología. Pero ha elegido de forma rotunda Europa y Ucrania. Y en ese sentido es mucho más clara que Le Pen. Si Le Pen piensa hacerlo, que lo diga.

P. ¿Está a favor de un ejército europeo?

R. No. Estoy a favor de un pilar europeo de la OTAN. Ya hay una alianza militar, funciona bien operacionalmente. Pero al lado del pilar americano, tiene que haber uno europeo para ser más fuertes. Un ejército europeo es imposible porque necesita un mando único, y hoy no hay unidad política.

P. ¿Extendería el paraguas nuclear francés al resto de países europeos?

R. Estoy a favor de lo que dijo el presidente en Brest. Una disuasión nuclear avanzada que permita que el arma nuclear francesa se instale en otros países europeos y permita hacer dudar a nuestros enemigos de atacar a esos aliados. Pero la decisión final dependerá solo de los intereses franceses formulados por el jefe del Estado.

P. O sea, el resto pasaremos de estar subordinados a EE UU a estarlo a Francia.

R. No, al contrario. No subordinamos a nadie. Queremos compartir nuestra fuerza, construida por los franceses, y que pueda servir a nuestros amigos europeos.

P. ¿Cómo piensa afrontar la cuestión de Ucrania? Le Pen ya ha dicho que retirará la ayuda. ¿Irá hasta el final?

R. Les ayudaremos hasta que se resuelva. Ucrania se defiende contra una agresión rusa: la causa de esta guerra. Nuestra ayuda tiene que ver con que ellos han elegido la democracia y Europa, pero también porque es nuestro interés ante una Rusia que quiere imponer su voluntad de poder sin respetar el derecho internacional.

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