Aún no había amanecido cuando los agentes antidisturbios bajaron a la arena de Benítez. En el último tramo de la playa, ubicada a pocos metros de El Trampolín, permanecían aún unas 400 personas de origen magrebí —casi todos hombres— que entraron en Ceuta con el cruce masivo y que malvivían en tiendas improvisadas. Buena parte de este asentamiento fue desalojado ya el domingo, pero todavía quedaban decenas de cabañas que finalmente han sido eliminadas mediante un segundo operativo celebrado este martes. A las ocho de la mañana, los policías empezaron a exigir a los migrantes que abandonaran las tiendas. “¡Todo el mundo fuera!”, gritaba una agente. Dentro de los cobertizos los migrantes despertaban del sueño nocturno y salían con sus enseres. “¿A Marruecos?, ¿a Marruecos?”, preguntaban una y otra vez ante el temor a ser deportados. Luego fueron trasladados en distintos autobuses con rumbo al Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) situado en el paso de El Tarajal, pero cerca de dos centenares acabaron volviendo de regreso al reino alauí. En el otro lado del paso fronterizo, gendarmes marroquíes los montaban en otros vehículos y los llevaban hasta distintos puntos del país vecino.
La mitad de los magrebíes que continuaban en el último tramo de Benítez marchan de regreso al país vecino para evitar el triaje obligatorio y la posterior denegación de asilo
Aún no había amanecido cuando los agentes antidisturbios bajaron a la arena de Benítez. En el último tramo de la playa, ubicada a pocos metros de El Trampolín, permanecían aún unas 400 personas de origen magrebí —casi todos hombres— que entraron en Ceuta con el cruce masivo y que malvivían en tiendas improvisadas. Buena parte de este asentamiento fue desalojado ya el domingo, pero todavía quedaban decenas de cabañas que finalmente han sido eliminadas mediante un segundo operativo celebrado este martes. A las ocho de la mañana, los policías empezaron a exigir a los migrantes que abandonaran las tiendas. “¡Todo el mundo fuera!”, gritaba una agente. Dentro de los cobertizos los migrantes despertaban del sueño nocturno y salían con sus enseres. “¿A Marruecos?, ¿a Marruecos?”, preguntaban una y otra vez ante el temor a ser deportados. Luego fueron trasladados en distintos autobuses con rumbo al Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) situado en el paso de El Tarajal, pero cerca de dos centenares acabaron volviendo de regreso al reino alauí. En el otro lado del paso fronterizo, gendarmes marroquíes los montaban en otros vehículos y los llevaban hasta distintos puntos del país vecino.
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