Hay países donde el fútbol es muy importante, vital; y luego está Inglaterra. No sé si la razón es que este deporte nació allí o es que lo sienten como parte de su identidad, pero desde que vivo aquí me he dado cuenta de que el fútbol ocupa un lugar diferente para todos los aficionados.
En el campo Inglaterra tiene argumentos para competir contra cualquiera. En las gradas y en los pubs del país, aficionados convencidos cantan al unísono la banda sonora eterna de un fútbol que este año sí puede volver a casa
Hay países donde el fútbol es muy importante, vital; y luego está Inglaterra. No sé si la razón es que este deporte nació allí o es que lo sienten como parte de su identidad, pero desde que vivo aquí me he dado cuenta de que el fútbol ocupa un lugar diferente para todos los aficionados.
No se trata solo del tiempo que transcurre desde que pita el árbitro el comienzo y el final del partido, sino que forma parte de la rutina diaria, de los planes o incluso de la forma de entender la ciudad, que se relaciona directamente con el equipo. Y luego está comprender el país a través de la Selección. Eso se nota especialmente cuando juega Inglaterra.
Una de las cosas que más me impactaron fue cómo los pubs se llenan incluso horas antes de los partidos. Gente con las camisetas de la Selección: amigos, familias, compañeros de trabajo, personas mayores y niños, todo el mundo se vuelca con el equipo nacional. El ambiente cambia y se celebra cada partido como una fiesta.
Si hay un aspecto en el que son únicos, y es algo que me sorprendió nada más llegar, es el tema de las canciones y la música en torno al fútbol, a un estadio, a un partido, a un equipo o a un jugador… No hablo solo de los famosos Three Lions con su Football’s coming home o del Sweet Caroline que todos conocemos y que, en cada torneo, retumba en todos los rincones del país y forma parte de la historia del fútbol inglés.
También están las canciones que se relacionan con cada jugador. Agarran una melodía que todo el mundo conoce como una de los Beatles y, con un poco de imaginación, la convierten en un Hey Jude dedicado a Bellingham; una de Abba suena para Bukayo Saka; o un estadio entero canta el He’s one of our own hecha expresamente para Harry Kane y que se escucha con una naturalidad y una energía que emociona.
Lo más bonito de eso es que son canciones que no nacen de campañas o ideas muy preparadas, simplemente aparecen. Las empiezan cantando un puñado de aficionados, crecen y terminan acompañando a un jugador toda su carrera. Esa es la manera de vivir el fútbol aquí, no solo acompañan y apoyan a sus jugadores, sino que les ponen banda sonora.
En un Mundial todo ese ambiente se magnifica. Han pasado 60 años desde que Inglaterra lo ganó por primera y única vez en 1966. Realmente es mucho tiempo para un país que inventó este juego y que lo vive con tanta pasión. Sin embargo, la ilusión nunca desaparece y cada gran torneo vuelve a despertar la misma esperanza. Da igual quién esté en la Selección, quién se haya quedado fuera, en las calles siempre se respira esa sensación de que este año puede ser el año.
Este miércoles volvieron a vibrar tras la remontada ante el Congo cantando el Wonderwall de Oasis que les acompaña durante este torneo. La fiebre por la banda de los hermanos Gallagher está más viva que nunca tras su esperadísima gira de reunión en 2025. Esto volvió a colocar su catálogo musical en el centro absoluto de la cultura popular británica justo en la antesala del Mundial.
En el campo Inglaterra tiene argumentos para competir contra cualquiera; y en las gradas y en los pubs del país, aficionados convencidos cantan al unísono la banda sonora eterna de un fútbol, que este año sí puede volver a casa.
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