Broncano tiene miedo. Lo confesó el miércoles pasado durante la puesta de largo de la próxima temporada de RTVE. “Temo que esta sea mi última presentación en TVE. No nos engañemos, todos sabemos lo que podría pasar”. Tirando de guasa, el cómico y presentador especuló con su posible sustituto tras el hipotético cambio de gobierno que podría forzar su salida: “Me podría reemplazar perfectamente Morante de la Puebla en septiembre. Yo estoy nervioso real”.
Me repatea, pero no me sorprende que haya violentos que la emprendan contra reporteros del ente público. Solo recogen con literalidad el discurso de diputados como Manuel Mariscal, de Vox
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Me repatea, pero no me sorprende que haya violentos que la emprendan contra reporteros del ente público. Solo recogen con literalidad el discurso de diputados como Manuel Mariscal, de Vox
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Broncano tiene miedo. Lo confesó el miércoles pasado durante la puesta de largo de la próxima temporada de RTVE. “Temo que esta sea mi última presentación en TVE. No nos engañemos, todos sabemos lo que podría pasar”. Tirando de guasa, el cómico y presentador especuló con su posible sustituto tras el hipotético cambio de gobierno que podría forzar su salida: “Me podría reemplazar perfectamente Morante de la Puebla en septiembre. Yo estoy nervioso real”.
No sé si el miedo, como el duelo, tiene fases, pero desde luego tiene clases. Me hago cargo de la inquietud de Broncano y estoy segura de que no teme tanto por él mismo como por su formato y, sobre todo, por su equipo. La mejor manera de vacunarse frente al deseo de celebrar el fin de un programa consiste en centrar el tiro no en sus muñecos, si me permiten tirar de jerga televisiva, ni en el programa en sí, sino en los currantes tras las cámaras que pierden el empleo, esas personas cuyo sueldo les aboca a afrontar el futuro con el pánico propio de la ausencia de colchón económico. Los trabajadores del audiovisual forjamos nuestra vida laboral a la manera de Pinito del Oro: saltando sin red.
Claro que no hace falta estar detrás de la pantalla ni haber perdido el trabajo para tener miedo en la tele estos días. Y si no, que se lo digan a Jesús Poveda y Antonio Gómez de Olea, reporteros de Malas lenguas, a Mikel Etxarri, de Mañaneros 360y a Jesús Navarro, del Telediario, que se jugaron el tipo en las concentraciones por Ceuta. Llevar una alcachofa de TVE ya es profesión de riesgo.
Me repatea, pero no me sorprende que haya violentos –aunque, por suerte, minoría– que la emprendan contra reporteros del ente público en estas concentraciones. Solo recogen con literalidad el discurso de diputados como Manuel Mariscal, de Vox –expertos en confundir la crítica con el verbo atrabiliario–, que aseguró que entrarían en RTVE con lanzallamas y motosierra y, meses después, frente a José Pablo López, insistió: “Les echaremos si hace falta a patadas”. No sé si fue antes el odio en el Congreso o en la calle, lo que es claro es que el de la calle se cree legitimado por el del Congreso. Si la situación se prolonga, ¿con qué será lo próximo con que amenace el señor diputado? ¿Con cien cañones por banda? Me río como se ríe Broncano mencionando a Morante. Pero gracia no me hace ninguna.
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