Una de las respuestas a los veranos del futuro, que se anuncian cada vez más tórridos, podría estar escondida bajo siglos de historia. Roma ha comenzado a mirar hacia la extensa red de espacios subterráneos que se esconde bajo sus calles para estudiar si algunos de ellos podrían servir algún día como refugios frente a las temperaturas extremas. Cuando aprieta la canícula en la superficie, el frescor que se conserva de forma natural bajo tierra adquiere un valor inesperado. La idea tiene potencial, pero antes habrá que determinar qué lugares son seguros y cómo acondicionarlos para recibir público.
Las autoridades de la capital italiana estudian sus tesoros del pasado para ofrecer espacios frescos en el futuro
Una de las respuestas a los veranos del futuro, que se anuncian cada vez más tórridos, podría estar escondida bajo siglos de historia. Roma ha comenzado a mirar hacia la extensa red de espacios subterráneos que se esconde bajo sus calles para estudiar si algunos de ellos podrían servir algún día como refugios frente a las temperaturas extremas. Cuando aprieta la canícula en la superficie, el frescor que se conserva de forma natural bajo tierra adquiere un valor inesperado. La idea tiene potencial, pero antes habrá que determinar qué lugares son seguros y cómo acondicionarlos para recibir público.
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