
Ucrania y Rusia han llevado a cabo este viernes un canje de 270 prisioneros de guerra por cada lado poco antes de que, desde Washington, se anunciara un acuerdo de tregua para evacuar a los civiles de una ciudad ocupada por tropas rusas que atraviesa una grave crisis humanitaria. Fuentes del Gobierno ucranio confirman que esa operación en la localidad de Oleshki (región de Jersón) podría llevarse a cabo pronto. Todo ello sucede la misma semana en la que los negociadores estadounidenses se han reunido con ambos presidentes, Volodímir Zelenski y Vladímir Putin. con la perspectiva de una posible reunión trilateral al máximo nivel en noviembre.

La tregua para desalojar a los 6.000 civiles atrapados en la ciudad ucrania ha sido adelantada por Melania Trump y confirmada por Kiev
Ucrania y Rusia han llevado a cabo este viernes un canje de 270 prisioneros de guerra por cada lado poco antes de que, desde Washington, se anunciara un acuerdo de tregua para evacuar a los civiles de una ciudad ocupada por tropas rusas que atraviesa una grave crisis humanitaria. Fuentes del Gobierno ucranio confirman que esa operación en la localidad de Oleshki (región de Jersón) podría llevarse a cabo pronto. Todo ello sucede la misma semana en la que los negociadores estadounidenses se han reunido con ambos presidentes, Volodímir Zelenski y Vladímir Putin. con la perspectiva de una posible reunión trilateral al máximo nivel en noviembre.
El primer anuncio del acuerdo en torno a Oleshki ha llegado de la mano de Melania Trump, esposa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Ese alto el fuego que abriría la puerta a rescatar a los civiles atrapados, unos 6.000 entre la ciudad y los pueblos de alrededor, comenzaría el 29 de octubre, según la Casa Blanca. El parlamentario Davyd Arakhamiia, uno de los responsables del partido de Zelenski, Servidor del Pueblo, ha anunciado que en breve comenzará la operación de desbloqueo.
Mientras, en el norte del país, cerca de la frontera con Bielorrusia, Vahiz Hayrulin, de 63 años, se abraza a su hijo Renat, de 36 años, nada más bajar del autobús en la ciudad de Chernihiv. Una algarabía de sonrisas y móviles se adueña del momento en el que este soldado se reencuentra con su familia casi cinco años después. Renat fue capturado como prisionero de guerra por las tropas de ocupación rusas a principios de 2022 durante la batalla de Mariúpol. Este viernes ha sido uno de esos 270 que han recobrado la libertad.
Mientras decenas de familias esperaban la llegada de los militares, Rusia ha atacado Chernihiv con un dron causando un muerto y 25 heridos.
Entre los liberados hay cinco cautivos que han regresado a Ucrania después de que fueran dados por muertos en el bombardeo que sufrió el penal ruso de Olenivka, localidad de la región de Donetsk bajo ocupación de tropas del Kremlin, ha señalado el presidente Volodímir Zelenski. Kiev acusa a Moscú de ese ataque. En todo caso, no es la primera vez que un soldado dado por muerto acaba regresando a casa tras ser puesto en libertad por las autoridades de Moscú.
Desde que el Kremlin lanzó la gran invasión del país vecino en febrero de 2022 se han llevado a cabo unos 80 canjes de prisioneros que han permitido regresar a Ucrania a unas 8.000 personas, la inmensa mayoría militares. Este jueves se llevó a cabo un intercambio de cadáveres y 252 cuerpos fueron devueltos a Ucrania.

En los jardines que rodean el edificio de Chernihiv al que llegan los autobuses, entre 200 y 300 personas, casi todas mujeres, esperan con fotos de sus hijos o sus maridos. La mayoría de los que aparecen en las imágenes son militares que siguen desaparecidos. Las mujeres las alzan para que las puedan ver los liberados, por si alguno ha coincidido con ellos en las cárceles y los centros de detención. Cualquier detalle supone una esperanza a la que apegarse. Solo unos pocos tienen confirmación de que su ser querido fue visto en alguna prisión rusa.
Es el caso de Victoria, que este viernes recibió una llamada desde la frontera de Ucrania con Bielorrusia, a donde a esa hora ya habían llegado los 270 soldados. Al otro lado del teléfono estaba uno de los representantes de la brigada a la que pertenece su marido, Maksim, capturado hace 15 meses en la región de Jarkov. Le da la noticia de que Maksim había regresado. En la llamada también le cuentan que su esposo trae un brazo amputado, hecho que ella ya conocía por prisioneros que habían regresado en intercambios previos. Victoria llama a su madre y a otros familiares, pero no logra que su hija de 10 años le conteste.
A unos metros, la situación cambia radicalmente. Natalia, de 55 años, lleva en un cartón la foto de su hijo Yuri, desaparecido en el frente de Bajmut en 2023 y que debe tener ahora 24 años. Muestra asimismo la imagen del gran tatuaje con el rostro de Jesucristo que su hijo lleva en el pecho. Enseñar esa marca única es la manera que emplean de llamar la atención de los recién regresados.
Nadia Vasilivna, de 67 años, como muchas mujeres que se congregan en los alrededores del punto de llegada, lleva también la foto de su hijo Yuri Shaika, de 36 años, en una pancarta plastificada que sostiene con un palo. No puede contener las lágrimas cuando empieza a hablar. Cuenta que viene de una población entre Kiev y Chernihiv, ha viajado junto con dos mujeres más del pueblo que también tienen a los suyos desaparecidos. Señala que la última vez que supo de Yuri fue en enero de este año cuando se encontraba en el frente de Zaporiyia, en el sur del país. Desde entonces no sabe si está vivo o muerto, tal como sucede con el resto de sus compañeras.
Los tres hombres desaparecidos, que no se conocían antes, tienen en común que se unieron a la defensa de Ucrania en los primeros meses de la invasión rusa, en 2022. Ninguno tenía experiencia militar.
“Yo le pregunté a mi hijo por qué quería ir si él no sabía pelear. Y me respondió que nadie sabe pelear, pero que si hombres como él no se unían al ejército, quién iba a defender nuestra tierra”, cuenta Valentina, de 67 años, otra de las mujeres del grupo que, como Nadia, lleva la cabeza cubierta con un pañuelo. Dicen que son muy religiosas y que oran mucho con la esperanza de que sus tres hijos vuelvan.
Valentina es la que tiene más detalles sobre las circunstancias que rodearon la desaparición de su hijo en mayo de 2022. Fue en Bilahorivka, una población en la región de Lugansk, que al comienzo de la guerra fue estratégica en la defensa ucrania. Su hijo estaba en una posición con un compañero cuando fueron atacados con una bomba guiada. Horas después otra unidad de soldados ucranianos pudo llegar al lugar, pero solo encontró al compañero muerto. No había rastro de su hijo. Desde entonces, se aferra a la esperanza de que fue capturado.

También lo hace Maryna Gorbatiuk, de 23 años. Espera noticias de su marido Oleksi, de 26, y de su compañero Oleksandr Kuhar, de 25. Lleva también las fotos de ambos. No se sabe nada de ellos desde que su posición en el sótano de un edificio de la disputada localidad de Dobropillia fue bombardeada el pasado mayo. Maryna y Oleksi, explica la joven, se habían casado el pasado enero y su hijo Vladislav tiene ahora siete meses. Cuenta ella que al padre apenas le dio tiempo de estar una vez con él antes de regresar al frente y ser víctima junto a otros compañeros del ataque.
El contraste de los que no saben nada con la explosión de alegría de Vahiz Hayrulin es inmenso. El padre de Renat, sabía que su hijo estaba vivo porque había recibido una carta. Pero ha realizado decenas de veces el largo trayecto de unos 600 kilómetros que media entre la región de Lviv, en la que reside, y la de Chernihiv. Este viernes, una vez más, realizó este viaje sin tener noticias de que Renat iba a estar entre los liberados. Ahora, su promesa es seguir viniendo cada vez que sea posible a apoyar a las demás familias.
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