Si nadie trabaja para la paz, seguro que seguirá y se extenderá la guerra. Tratándose de la que libran Estados Unidos e Irán, tienen más poder los empeñados en que siga la matanza que quienes bregan por terminarla. Cuando parecen mejorar las cosas en un flanco, el libanés, empeoran en el otro, en Bab el Mandeb, el estrecho donde los hutíes atacan al tráfico marítimo. Aún así, todavía hay quien trabaja para la paz. No es el caso de Trump y Netanyahu, ni del invisible líder de la Revolución Islámica, sino de modestos politólogos y políticos moderados de Estados Unidos, Israel e Irán.

Alexander Stubb y Frank-Walter Steinmeier. ‘The Middle East needs its own Helsinki Act’. ‘Financial Times’, 20 de julio.

Javad Zarif. ‘An Iranian Vision of the New Middle East’. ‘Foreign Affairs’, 20 de julio.
Esfandyar Batmanghelidj y Mehran Haghirian. ‘How a ‘Hormuz Fee’ Could Work’. Bourse and Bazaar Foundation. 10 de julio.

Rahm Emmanuel. ‘The US-Israel relationship: where it stands today and the road ahead. My speech at Tel-Aviv University’. Substack, 8 de julio.
Nada avanzará con Trump desatado al mando y Netanyahu al frente del Gobierno más extremista de la historia de Israel. Pero todo puede cambiar con las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos y las generales en Israel
Si nadie trabaja para la paz, seguro que seguirá y se extenderá la guerra. Tratándose de la que libran Estados Unidos e Irán, tienen más poder los empeñados en que siga la matanza que quienes bregan por terminarla. Cuando parecen mejorar las cosas en un flanco, el libanés, empeoran en el otro, en Bab el Mandeb, el estrecho donde los hutíes atacan al tráfico marítimo. Aún así, todavía hay quien trabaja para la paz. No es el caso de Trump y Netanyahu, ni del invisible líder de la Revolución Islámica, sino de modestos politólogos y políticos moderados de Estados Unidos, Israel e Irán.
Destaca entre todas las iniciativas la que proponen dos think tanks iraníes instalados en Londres, inspirados en Jean Monnet y sus ideas sobre la reconstrucción europea de la postguerra. ¿Qué hizo Europa entonces para terminar con las guerras? Consorciar las industrias del carbón y el acero, las materias primas para fabricar armas. Esfandyar Batmanghelidj y Mehran Haghirian, inspirados en la Comunidad Europea del Carbón y del Acero de 1951, el primer núcleo de la actual Unión Europea, proponen un consorcio regional para la gestión de Ormuz.
La idea ha tenido resonancias en Irán, donde uno de los negociadores del acuerdo nuclear de 2015 que Trump rompió en 2018, el diplomático reformista Javad Zarif, sugiere algo similar para la industria nuclear, tal como hizo también Europa. Este exministro de Exteriores y exvicepresidente del Gobierno sugiere una agencia común de los países de la región para enriquecer el uranio de uso civil. La vía europea como alternativa a la actual escalada bélica para la apertura unilateral por la fuerza del estrecho al tráfico marítimo y a la doble y contradictoria decisión de autorizar a Arabia Saudí y prohibir a Irán el enriquecimiento de uranio que siempre puede conducir al arma atómica. Donde está el peligro allí esta la salvación: cooperación multilateral para Ormuz y para la industria nuclear.
Nada avanzará con Trump desatado al mando y Netanyahu al frente del Gobierno más extremista de la historia de Israel. Pero todo puede cambiar con las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos el 3 de noviembre y las generales en Israel el 27 de octubre. Si hay mayoría demócrata en el Congreso y quizás también en el Senado y si, además, pierde Netanyahu las elecciones, será la hora de quienes trabajan para la paz en vez de quienes solo confían en la guerra.
En Estados Unidos, habrá que contar con Rahm Emanuel, ex jefe de gabinete de Barack Obama y antiguo alcalde de Chicago, ahora un nombre que suena como candidato demócrata para frenar la marea trumpista en la elección presidencial de 2028. Hay pocos políticos tan enamorados de Israel, pero a la vez tan críticos con el belicismo de Netanyahu, su actuación en Gaza y su apoyo a las ocupaciones ilegales de territorios palestinos. Su plan transfiere la responsabilidad entera de la paz a la región. Propone el reconocimiento mutuo entre 23 Estados, en vez de los dos, Palestina e Israel, de los acuerdos de Oslo ahora arruinados.

Es una aproximación multilateralista que rompe con el unilateralismo de Trump y Netanyahu. Los 21 Estados árabes, más Israel y Palestina, consorciados para la paz, deberán reconocer fronteras seguras para todos. Ahora no las tiene Israel y no tiene territorio Palestina. En vez de una Esparta aislada y convertida en paria internacional, Emanuel quiere un Israel pujante y plenamente integrado en Oriente Próximo. El exalcalde de Chicago pone alto el listón a los árabes: deben aceptar la conexión histórica de Israel con la tierra palestina. También se lo pone a los israelíes. Basta de ocupaciones. No seguirá el apoyo diplomático incondicional. No habrá subsidios estadounidenses al presupuesto de defensa.
En Israel contará Gadi Eisenkot, un exgeneral y exjefe del Estado Mayor, que encabeza los sondeos al frente de un nuevo partido centrista. Cree en la diplomacia y no en la guerra eterna como Netanyahu. Quiere el servicio militar obligatorio para todos, también los haredíes ahora exentos. Se abre a pactar con partidos árabes. Aunque centrado en la seguridad de Israel y prudente respecto a la fórmula de los dos Estados, probablemente es el único dirigente israelí capaz de recuperar el difícil camino de la paz.
Además de una vía europea, hay iniciativas europeas. Por ejemplo, la de los presidentes finlandés y alemán, Alexander Stubb y Frank-Walter Steinmeier, que proponen una conferencia como la que sirvió hace medio siglo en Helsinki para impulsar la paz y la cooperación en el continente dividido por la Guerra Fría. Si Trump y Netanyahu han expulsado a la Unión Europea y a Naciones Unidas de Oriente Próximo, cuando la paz se abra camino, no antes, los europeos deberán estar allí de nuevo con sus ideas y con los recursos que sean necesarios.
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