Netanyahu rechaza el plan de Trump para el desarme de Hamás

Aunque lo ha anunciado en la reunión semanal del consejo de ministros, Benjamín Netanyahu ha actuado este domingo más como candidato a la reelección en octubre que como primer ministro al rechazar el acuerdo para el desarme de Hamás alcanzado por la Junta de Paz —el organismo que supervisa la aplicación del alto el fuego en Gaza—y desvelado la semana pasada el presidente de EE UU, Donald Trump. El Gobierno de Israel no se había pronunciado formalmente hasta ahora sobre el pacto, aunque venía haciéndolo en los hechos, al mantener los ataques en Gaza, salvo los bombardeos dirigidos a matar policías del Gobierno de Hamás o milicianos. Pese al anuncio, Hamás ha subrayado su “compromiso firme” con el pacto.

Seguir leyendo

 En un anuncio con tono preelectoral, el primer ministro abre la puerta a una ocupación permanente del 60% de Gaza, al condicionar toda retirada al desarme “total” y “auténtico” de Hamás  

Aunque lo ha anunciado en la reunión semanal del consejo de ministros, Benjamín Netanyahu ha actuado este domingo más como candidato a la reelección en octubre que como primer ministro al rechazar el acuerdo para el desarme de Hamás alcanzado por la Junta de Paz —el organismo que supervisa la aplicación del alto el fuego en Gaza—y desvelado la semana pasada el presidente de EE UU, Donald Trump. El Gobierno de Israel no se había pronunciado formalmente hasta ahora sobre el pacto, aunque venía haciéndolo en los hechos, al mantener los ataques en Gaza, salvo los bombardeos dirigidos a matar policías del Gobierno de Hamás o milicianos. Pese al anuncio, Hamás ha subrayado su “compromiso firme” con el pacto.

El tono preelectoral del anuncio está especialmente claro en que, en realidad, Netanyahu y el máximo representante de la Junta de Paz, Nickolay Mladenov, defienden lo mismo (primero, desarme total, incluidas armas ligeras; y solo entonces, inicio de la retirada) desde que se reunieron el lunes y el segundo se desdijo de sus afirmaciones previas y del propio texto del acuerdo.

“Israel rechaza el documento de 15 puntos [el acuerdo de desarme]. Las Fuerzas de Defensa de Israel no realizarán ninguna retirada hasta el desarme de Hamás. Y cuando digo ‘desarme de Hamás’, me refiero tanto a las armas pesadas como las menos pesadas y a las ligeras”, ha afirmado al inicio del consejo de ministros semanal y reiterado en un vídeo en redes sociales. También ha insistido en que debe ser real, “no ficticio”, lo que abre la puerta a un proceso casi infinito.

Cuestionado por sus incumplidas promesas de victoria bélica, sobre todo en Irán, Netanyahu se ha esforzado en presentarse de nuevo ante los electores como el líder fuerte que, como le gusta reiterar, dice “sí” a los aliados, principalmente EE UU, cuando se puede y “no” cuando se debe. Los estadounidenses, dijo, “tienen ideas” respecto al futuro de Gaza. “Algunas nos parecen aceptables y otras no, y sabemos cómo mantenernos firmes en estos asuntos”, afirmó.

Netanyahu resumió su posición en tres ideas que contradicen el acuerdo. La primera es que es ejército israelí “no realizará ninguna retirada hasta que Hamás esté verdaderamente desarmado”, lo que rompe la idea -que figura en el plan y señaló inicialmente Mladenov- de que una y otra sucederían en paralelo y por fases. Ya entonces, Hamás y el resto de facciones armadas palestinas en Gaza subrayaron que se “atienen a lo acordado” y que esperaban “una respuesta clara y oficial” de Mladenov y los mediadores.

La segunda es que el ejército, que controla más del 60% de Gaza (una zona devastada y prácticamente deshabitada donde cada vez establece más estructuras con vocación permanente), “seguirá frustrando las amenazas contra nuestras fuerzas y nuestros ciudadanos”. Es una fórmula vaga sobre mantener el derecho a abrir fuego, pese a que el acuerdo obliga a Israel a “completar plenamente y sin demora” sus compromisos pendientes y especifica “el cese de las operaciones militares”.

En la práctica, Israel ha detenido desde el lunes (tras la reunión entre Mladenov y Netanyahu) los bombardeos contra objetivos determinados que ha venido efectuando durante los diez meses de alto el fuego, matando de media un niño cada día, según ha recordado este semana UNICEF, la agencia de la ONU para la infancia

Hace tres días, los ministros de Exteriores de Emiratos Árabes Unidos (un país con importantes relaciones bilaterales con Israel), Qatar, Jordania, Indonesia, Pakistán, Turquía, Arabia Saudí y Egipto emitieron un comunicado conjunto para manifestar su “más enérgica condena” a las “continuas vulneraciones israelíes en Gaza”, que “socavan los esfuerzos internacionales y regionales para implementar la segunda fase” del Plan de Trump y “amenaza con hacerlo descarrilar”.

Mohamed Dahlan, un influyente y veterano político palestino que reside en el Golfo y ha trabajado para sacar adelante el plan, ha calificado el rechazo de Netanyahu de muestra de “desdén” hacia Trump y su equipo. Ahora, ha añadido, los mediadores lo “reconocerán como el obstáculo para la seguridad y estabilidad”.

Trump había asegurado estar “muy contento” por los avances en las negociaciones para el desarme y que Netanyahu también tenía motivos para estarlo. Una fuente oficial estadounidense señaló entonces bajo anonimato que el presidente estaría “muy decepcionado” si Netanyahu obstaculizaba la aplicación del pacto.

El pacto queda, de hecho, en el aire, ya que las partes debían aprobarlo para que empezasen a contar los 14 días prorrogables para consensuar su calendario de implementación.

El acuerdo, esperado y labrado durante meses, buscaba que Hamás entregase (sin destruir) gradualmente sus armas al Comité Nacional, el panel de tecnócratas palestinos que entraría finalmente para asumir la administración del día a día en la Franja, en sustitución del movimiento islamista que la gobierna desde 2007.

El documento es claro en que el proceso de entrega, inhabilitación y almacenaje de “armamento pesado, sitios de producción militar, depósitos de armas y túneles” (es decir, excluidas las armas ligeras) no comenzará hasta el cumplimiento de todas las obligaciones de la primera fase. En estos diez meses, Israel ha incrementado la parte de la Franja que controla, ampliándola unilateralmente hasta superar el 60% al cambiar de posición los bloques de hormigón o incrementar las zonas sobre las que abre fuego contra quien se acerque. Netanyahu ha asegurado que ordenó llegar al 70%.

El ejército sigue además abriendo fuego a diario (los muertos durante la tregua superan los 1.200 ) y frenando la reconstrucción de Gaza, que puede llevar décadas incluso, según los técnicos. Las autoridades militares de Israel limitan la entrada de casas prefabricadas, tiendas de campaña o maquinaria que permita retirar los escombros o restaurar el servicio de recogida de basuras, agua o electricidad.

El desarme debía comenzar también tras el despliegue de una fuerza multinacional de seguridad y el ingreso del comité tecnocrático que administrará Gaza en sustitución de Hamás. La Junta de la Paz prepara ya, de hecho, la construcción en la zona de Gaza bajo control israelí de de una posición militar rudimentario para albergar 150 soldados de Marruecos, un país cada vez más próximo a Trump que viene profundizando sus relaciones armamentísticas con Israel desde que lo reconoció en 2020.

 Internacional en EL PAÍS

Noticias Relacionadas