Omán, el discreto mediador de Oriente Próximo al que Trump pone en la diana

El pasado 6 de febrero, el suizo Mauro Schmid levantaba los brazos celebrando su victoria en la Clásica de Mascate tras haber recorrido las escarpadas cimas que rodean la capital omaní. La carrera, prólogo del Tour de Omán y una de las citas que da inicio cada año a la temporada del ciclismo profesional, se ha convertido en uno de los acontecimientos deportivos más importantes de este sultanato que, como otros Estados vecinos, utiliza las competiciones internacionales para vender una imagen lustrosa y atraer turismo e inversiones. Pero a esa misma hora, mientras los sudorosos ciclistas atravesaban la línea de meta, las autoridades omaníes tenían una preocupación más importante: detener una guerra.

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 El sultanato, una de las puertas al disputado estrecho de Ormuz, negocia con Irán y transmite propuestas a EE UU para que el conflicto no se enquiste  

El pasado 6 de febrero, el suizo Mauro Schmid levantaba los brazos celebrando su victoria en la Clásica de Mascate tras haber recorrido las escarpadas cimas que rodean la capital omaní. La carrera, prólogo del Tour de Omán y una de las citas que da inicio cada año a la temporada del ciclismo profesional, se ha convertido en uno de los acontecimientos deportivos más importantes de este sultanato que, como otros Estados vecinos, utiliza las competiciones internacionales para vender una imagen lustrosa y atraer turismo e inversiones. Pero a esa misma hora, mientras los sudorosos ciclistas atravesaban la línea de meta, las autoridades omaníes tenían una preocupación más importante: detener una guerra.

Reunidos en habitaciones separadas de un edificio a escasos kilómetros de donde se desarrollaba la carrera ciclista, las delegaciones estadounidense e iraní intercambiaban propuestas y advertencias por intermediación de los diplomáticos omaníes. Al término de la jornada, ambos grupos señalaron que las negociaciones habían ido bien, pero semanas más tarde, Estados Unidos e Israel comenzaron a lanzar misiles sobre Teherán.

Pese a la decepción por el fracaso de las conversaciones y el estallido de las hostilidades, hecha pública por el ministro de Exteriores en Mascate, la diplomacia omaní no ha cejado en sus esfuerzos de buscar salida a un conflicto que, con sucesivas treguas y rupturas de estas, amenaza con enquistarse. Y sin embargo, eso no le ha librado de la ira de Trump: el pasado lunes amenazó con “masacrar a bombazos” Omán, si interfiere en sus negociaciones con Irán. No era la primera vez. En mayo, el presidente estadounidense amenazó con “volar” Omán si no se comportaba.

Las autoridades del sultanato no han reaccionado a las declaraciones de Trump y los medios de ese país, fuertemente controlados, no han hecho referencia al tema. Aunque las autoridades omaníes ven esta salida de tono como “inapropiada” y “dañina” para las estratégicas relaciones que mantienen con Washington, según varias fuentes, la discreción y el hermetismo son marca de la casa en un país que, hasta hace medio siglo, cerraba a cal y canto las puertas de sus principales ciudades al caer la noche.

Durante la actual guerra, ha hecho llegar a Washington las propuestas iraníes y ha accedido a negociar con Teherán un nuevo marco para la gestión del estrecho de Ormuz –que podría incluir tasas–, a la vez que ha permitido que Estados Unidos utilizase sus aguas para escoltar a buques atrapados en el golfo Pérsico, burlando así el bloqueo de la Guardia Revolucionaria iraní.

“Amigo de todos y enemigo de nadie. La política exterior omaní sigue una estrategia de autonomía pragmática y neutralidad positiva que busca la seguridad a través del diálogo y la mediación”, explica Abdullah Baabood a EL PAÍS. Para este académico omaní, profesor de Estudios Islámicos en la Universidad Waseda de Tokio, esta estrategia está enraizada en varios factores entre los que destaca la geografía, ya que con su control de la península de Musandam es junto a Irán el dueño de las puertas del estrecho de Ormuz y, por tanto, tiene un “interés existencial” en mantenerlo abierto. Y también el ibadismo: es el único país del mundo en el que la mayoría de la población profesa esta corriente del islam que antecede a la división entre suníes y chiíes: “El énfasis del ibadismo en la moderación y el consenso se ha convertido en un pilar de la identidad nacional. No es algo decorativo, es la razón por la que tanto Teherán como Riad aceptan a Mascate como un mediador honesto”.

El otro gran vector ha sido su tradicional discreción. Al contrario que otros países que se jactan de sus iniciativas de mediación, Mascate normalmente “mantiene sus canales de comunicación lejos de los focos, permitiendo a las partes explorar compromisos sin aparecer débiles o quedar atrapados en sus declaraciones públicas”, incide Baabood. “Esta discreción refuerza la confidencialidad de las conversaciones y explica por qué diversos actores confían en Omán”.

De esta manera, ha acogido varias rondas secretas para pactar treguas y lograr acceso humanitario en la guerra de Yemen, ha intercedido por la liberación de presos estadounidenses en Irán, Yemen y Siria y fue sede de encuentros clave para la consecución del acuerdo nuclear con Irán (que luego Trump anuló durante su primer mandato). Y también ha sostenido conversaciones entre Ucrania e Irán, entre Irán y Arabia Saudí o entre los países del Consejo de Seguridad del Golfo y Qatar cuando estos se enfrentaron durante la pasada década.

Dos fuentes consultadas por la agencia Associated Press aseguraron a ese medio que las amenazas de Trump tienen que ver con la posibilidad de que Omán concluya un acuerdo con Irán para el manejo de Ormuz, mientras el resto de negociaciones siguen paralizadas. “La ironía es que Omán está tratando de resolver el problema que Washington quiere ver resuelto: la reapertura de Ormuz. Los desacuerdos tienen que ver menos con el objetivo que con las condiciones que se pacten”, apunta Baabood. Pero añade que el peligro de estas amenazas y ataques de un lado y de otro es que “erosionen el espacio para la neutralidad a nivel político interno”. “Un mediador debe retener la confianza de ambas partes, pero también debe defender su soberanía”, subraya.

Heredero de un imperio naval que dominaba el comercio de especias y esclavos en el Índico, y cuyo poder se extendía desde el sur de Pakistán hasta Zanzíbar y la región de los Grandes Lagos africanos –su influencia religiosa y cultural es aún patente en la costa suajili de África–, Omán ha hecho de la diplomacia y la mediación uno de sus pilares estratégicos. Es obra del sultán Qabús –miembro de la dinastía Al Busaidi, que ha regido Omán desde 1744–, quien, en sus 50 años de reinado, modernizó el país y optó por darle esta relevancia internacional, dado que posee muchas menos reservas de hidrocarburos que sus vecinos. Una política que su primo y sucesor desde 2020, el sultán Haitham, ha continuado y consolidado.

En este momento, la utilidad de la posición de neutralidad y mediación de Omán empieza a ser cuestionada por algunos dentro del país, lamenta un profesor omaní que prefiere no ser citado. Ha sufrido varios ataques con drones y misiles por parte de Irán que han provocado varios muertos –aunque el número de bombardeos ha sido menor que en sus vecinos del Golfo– y ahora Trump le ha puesto en la diana.

“Una de las cosas más peligrosas que se está viviendo en Oriente Próximo no es la proliferación de conflictos, sino la erosión deliberada del espacio diplomático necesario para ponerles fin”, denuncia el académico catarí Abdulla Banndar al Etaibi en un artículo en el que compara los recientes ataques militares y verbales a Omán y los sufridos por Qatar, incluido el ataque israelí a una delegación de Hamás que viajó a Doha para negociar el año pasado: “Los mediadores son útiles porque están conectados. Qatar puede mediar porque se comunica con Washington, Teherán, los actores palestinos y, cuando es necesario, Israel; Omán tiene credibilidad en Teherán junto con relaciones establecidas con Estados Unidos y sus socios del Golfo. Esas relaciones aparentemente contradictorias son la infraestructura de la mediación”.

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