“Vuela, vuela contra el viento, Dépor. Y nosotros, a tu lado”. Así, con este mensaje directo, enfático y de hermanamiento colectivo, solo que en perfecto gallego (“Voa contra o vento, Dépor, e nós ao teu carón”), el Deportivo de A Coruña se propone encarar su regreso a la División de Honor después de ocho inacabables temporadas penando por categorías inferiores. El equipo gallego ha encargado la melodía que debe hermanar a la afición y acompañar las internadas en el área contraria del delantero Aubameyang al músico probablemente más célebre de la ciudad, Xoel López, deportivista confeso. La canción añade al estilo inconfundible del coruñés una vocación de aliento a una sola voz que la emparenta con You’ll Never Walk Alone, el temazo de Gerry & The Pacemakers que en 1963 las gradas de Anfield adoptaron espontáneamente como el himno para el Liverpool. ¿Sucederá algo así en Riazor? De momento, Voa se ha recibido con división de opiniones, como todo lo que tiene que ver con los asuntos de elevado voltaje emocional. Pero su mera existencia apuntala esa tímida tendencia por parte de algunos equipos con pedigrí (Celta de Vigo, Atlético de Madrid, Real Madrid) por actualizar la música que enardece a sus seguidores en el estadio local.
‘Voa’, la canción que Xoel López ha grabado para el Dépor, se suma a las aportaciones de C. Tangana, Sabina o El Arrebato para corear en los estadios. La acogida de esta nueva generación de melodías es hasta ahora desigual
“Vuela, vuela contra el viento, Dépor. Y nosotros, a tu lado”. Así, con este mensaje directo, enfático y de hermanamiento colectivo, solo que en perfecto gallego (“Voa contra o vento, Dépor, e nós ao teu carón”), el Deportivo de A Coruña se propone encarar su regreso a la División de Honor después de ocho inacabables temporadas penando por categorías inferiores. El equipo gallego ha encargado la melodía que debe hermanar a la afición y acompañar las internadas en el área contraria del delantero Aubameyang al músico probablemente más célebre de la ciudad, Xoel López, deportivista confeso. La canción añade al estilo inconfundible del coruñés una vocación de aliento a una sola voz que la emparenta con You’ll Never Walk Alone, el temazo de Gerry & The Pacemakers que en 1963 las gradas de Anfield adoptaron espontáneamente como el himno para el Liverpool. ¿Sucederá algo así en Riazor? De momento, Voa se ha recibido con división de opiniones, como todo lo que tiene que ver con los asuntos de elevado voltaje emocional. Pero su mera existencia apuntala esa tímida tendencia por parte de algunos equipos con pedigrí (Celta de Vigo, Atlético de Madrid, Real Madrid) por actualizar la música que enardece a sus seguidores en el estadio local.
López (49 años), que de joven jugó al fútbol sin llegar a despuntar en esa faceta, nunca ha ocultado su filiación deportivista, inquebrantable incluso en los momentos menos propicios de la historia de un club más acostumbrado a las largas travesías del desierto que a los fogonazos de gloria. Por eso no pudo rechazar la oferta del equipo de sus amores, pese a llegar en un momento particularmente inoportuno. “Cuando me lo propusieron”, revela, “me llegó en pleno lanzamiento y promoción del nuevo disco [Oniria popular, abril de 2026] y en la preparación de su correspondiente gira. Es decir, estaba hasta arriba y mi primera reacción fue: ‘¡Mierda, qué marrón, qué mal momento!’. Pero no podía decir que no. Me hacía una ilusión enorme”.
Aquella misma noche, Xoel se sentó frente al papel y garabateó de un tirón “el 90%” de la letra definitiva. “Hice lo que me salió en ese instante, ¡ras! El resto fueron solo retoques”, recuerda. Con 201 canciones registradas hasta entonces en la SGAE, no le faltaba oficio, pero admite que un tema de encargo implica “una responsabilidad distinta a la que asumes habitualmente”. Y abunda: “Cuando compongo mis canciones, pienso que representan un sentimiento, lo que me emociona en un momento particular. Completas un disco y asumes que sus 10 o 12 cortes no gustarán por igual, que alguno se convertirá en la canción rarita. Pero aquí no hay margen. Voa tiene que gustar. Con un himno te lo juegas todo a una carta”.
Y Voa reúne, en efecto, no pocas características propicias para conjugar la calidad musical —que nadie hasta ahora le ha discutido— con esos elementos de fervor, pasión e identidad balompédica y geográfica que se le supone a una obra de estas características. Por lo pronto, comienza con el propio estribillo, la parte más cantabile de la melodía, para que el aficionado se sume a la causa desde el primer segundo. Aporta redoble de tambores, banda de gaitas, revestimiento sinfónico y eufóricos coros infantiles, en un despliegue de efectivos muy infrecuente para una misma canción de pop. Y, lo más inesperado y sorprendente de todo, un poco después del segundo minuto introduce un interludio folclórico de 30 segundos con forma de xota tradicional y abundantes aturuxos, esos gritos agudos femeninos tan característicos de la música gallega.
Los créditos refrendan todo este generoso elenco: por el estudio de grabación desfilaron la Orquesta Sinfónica de Galicia, el Coro Infantil Cantábile, la gaitera Susana Seivane, el joven dúo tradicional Caamaño & Ameixeiras, la batucada de Los Kilomberos de Monte Alto, la musicoterapeuta de la Costa de Morte Belém Tajes o la asociación cultural Xacarandaina. A todo esto, López rehusó cobrar un solo euro por el encargo: Voa solo le generará, como cualquier otra pieza, beneficios por derechos de autor, comenzando por la propia comunicación pública cada vez que suene en el estadio.

“Xoel sabe lo que hace, evidentemente”, dictamina el periodista pontevedrés Rafa Cabeleira, columnista en diversos medios y comentarista futbolístico durante cuatro años en el Hoy por hoy de la Cadena SER. A su juicio, Voa “lo tiene todo para arraigar entre la afición y dentro de Riazor”, en especial porque “tanto el estribillo como algunas otras partes casi se pueden gritar, que es el modo de entonación característico en el mundo del fútbol”. Y nadie como López podía encapsular el pálpito que genera un club que, este año, celebra sus 120 años de historia. “Él es uno de esos aficionados viejos que entiende perfectamente el deportivismo, que ha acompañado al equipo incluso por aquellos campos de Tercera, en las peores etapas de su historia. De ahí lo del ‘Contra o vento’: sabe mejor que nadie que al Deportivo casi nunca le ha soplado el viento a favor”.
El cantante y compositor leonés Yuri Méndez, que opera bajo el nombre artístico de Pajaro Sunrise y hasta hace unos meses residió en A Coruña, también aplaude sin ambages el trabajo de su compañero de oficio. “Vaya toda mi admiración hacia él. Si hay que ser valiente para tirar un penalti, lo de escribir el himno de tu equipo linda con lo heroico. Ganarse en frío a la muy respetable, pero no demasiado paciente, afición de un equipo de fútbol es una tarea ingrata. Ahora solo falta un poco de tiempo para que Voa se vuelva parte del ritual, como la cola a la entrada del estadio o la visita del descanso al bar”.
Y ahí, en la parte de la paciencia, es donde esta oda al “faro que alumbra el mundo, juntos en un solo corazón” lo tiene más complicado. En una encuesta digital en La Voz de Galicia, aun sin validez científica, el 72% de los más de 4.200 participantes eligieron la casilla del “No” a la pregunta de si les gustaba el himno blanquiazul. “Al final, como casi todo en el fútbol, la afición se volverá más receptiva si la pelotita entra”, resume Cabeleira.
Más allá de los tres minutos y 45 segundos de música, el club herculino parece dispuesto a convertir Voa casi en una imagen de marca. El palco para invitados de Riazor, acristalado a la altura del centro del campo, se ha rebautizado como Voa Skybar. Y este pasado lunes, con motivo del Deportivo-Elche que inauguraba la campaña, saltaron al césped una docena de pandereteiras para saludar el estreno musical. Cuando comenzó a sonar por megafonía eso de “Voa, voa. Contra o vento, Dépor voa”, 10 niños y niñas hicieron ondear otras tantas banderolas blancas o azules, todas con la palabra VOA escrita con tipografía tradicional gallega.
¿Cuajará? “A mí me parece un muy buen himno, pero demasiado gallego para una ciudad tan castellanohablante como esta”, aporta con gesto escéptico una profesora de gallego en un colegio privado coruñés. Y lo de los hábitos colectivos forma parte de los factores impredecibles. El mismísimo Joaquín Sabina lo sufrió en carnes en 2003, cuando, para conmemorar el centenario de su Atlético de Madrid, dio forma a Motivos de un sentimiento. Puede que no haya ningún colchonero con tanto pedigrí poético como él, con esa capacidad para condensar la idiosincrasia de un club de historia tan azarosa con versos como “No me preguntes por qué: los colores rojiblancos / van con mi forma de ser. / Ni merengues ni marrones / a mí me van las rayas canallas de los colchones”. Bonito, ¿verdad? “Sí, pero en el Metropolitano seguimos cantando como locos el himno rancio de hace 50 años. Y en el descanso, Thunderstruck, de AC/DC”, resume, entre divertido y resignado, un abonado atlético de larguísima tradición familiar.
La lírica y el tiquitaca, el cuatro-tres-tres y demás neologismos propios del fútbol contemporáneo representan un maridaje, llamémoslo así, complejo. Algunos equipos de Primera han emprendido por la vía de la música una renovación estética y emocional muy saludable, aunque por ahora se trate de una tendencia algo timorata. Pero claro que a veces sí cuaja la alianza entre la poesía y la testosterona. C. Tangana, madrileño de padre vigués, acertó en el centro de la diana hace tres años con Oliveira dos cen anos, el himno con el que el Celta de Vigo conmemoró su centenario, ese que empieza diciendo “Creo que estoy enamorado / de tus dos ojos azules”. Meses después, el siempre carismático (y melómano) Borja Iglesias desvelaba: “Es una locura. Que hasta un serbio [el centrocampista Mihailo Ristić] esté cantando un himno en gallego me parece una locura”. Envalentonados, los de Balaídos encargaron a un joven rapero de la ciudad, Hard GZ, un himno sobre la emigración para celebrar el regreso de la entidad a las competiciones europeas en la temporada 2025-26. “Me voy lejos a trabajar. / Si supieras cuánto te quiero / no me dejarías marchar”, suspiraban los célticos en sus salidas de larga distancia, llamando a la concienciación sobre un drama endémico en Galicia.

El Sevilla también acertó al encomendar en 2005 su himno del centenario a El Arrebato. Bingo: los forofos del Sánchez Pizjuán se desgañitan sin fisuras con aquello de “Y es por eso que hoy vengo a verte. / Sevillista seré hasta la muerte”. En el caso del Real Madrid, tanto Plácido Domingo y José María Cano (2002) como Red One y Manuel Jabois (2014) han formulado sendas alternativas modernas al clasiquísimo ¡Hala, Madrid!,que José Aguilar interpretó en 1952 con don Santiago Bernabéu como testigo en el estudio de grabación. Pero el hecho mismo de que existan dos alternativas al himno-de-toda-la-vida es un indicio de que ninguna de ellas ha cuajado del todo. Y es que esto de componer himnos (que se lo digan al de España) sigue siendo un oficio de alto riesgo. Tan complicado, o más, que colar un gol por toda la escuadra.
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