Los que estaban al inicio de la historia de éxito de Pronovias recuerdan la ambición de Alberto Palatchi, quien en los años sesenta empezó a pilotar la empresa de moda nupcial que había heredado de la tienda de encajes y bordados que su padre fundó en 1922 con el nombre El Suizo. “Quiero que la señora de la casa se case con la misma marca con la que se casa la chacha”, decía. Lo logró, y con creces. Pronovias se convirtió en un gigante que llegó a tener el 50% de la cuota de mercado en España. En su momento álgido, facturaba unos 150 millones, con unos márgenes altos que le permitían convertir un tercio de esos ingresos en beneficios. Tras convertir la compañía en un referente internacional, en 2017 Palatchi vendió Pronovias a un fondo de capital riesgo por 550 millones de euros. Desde entonces, la empresa ha pasado por su particular via crucis, una acumulación de problemas que la ha llevado a la situación actual: estos días un juzgado analiza el valor de la compañía, a las puertas de un concurso de acreedores, para decidir quién se queda con los restos. Desigual y el fondo Enduring han presentado ofertas, pero el encaje que pueda tener Pronovias en cualquier escenario es una incógnita.
Un juzgado analiza las propuestas para comprar la histórica marca de moda nupcial, al borde del concurso de acreedores
Los que estaban al inicio de la historia de éxito de Pronovias recuerdan la ambición de Alberto Palatchi, quien en los años sesenta empezó a pilotar la empresa de moda nupcial que había heredado de la tienda de encajes y bordados que su padre fundó en 1922 con el nombre El Suizo. “Quiero que la señora de la casa se case con la misma marca con la que se casa la chacha”, decía. Lo logró, y con creces. Pronovias se convirtió en un gigante que llegó a tener el 50% de la cuota de mercado en España. En su momento álgido, facturaba unos 150 millones, con unos márgenes altos que le permitían convertir un tercio de esos ingresos en beneficios. Tras convertir la compañía en un referente internacional, en 2017 Palatchi vendió Pronovias a un fondo de capital riesgo por 550 millones de euros. Desde entonces, la empresa ha pasado por su particular via crucis, una acumulación de problemas que la ha llevado a la situación actual: estos días un juzgado analiza el valor de la compañía, a las puertas de un concurso de acreedores, para decidir quién se queda con los restos. Desigual y el fondo Enduring han presentado ofertas, pero el encaje que pueda tener Pronovias en cualquier escenario es una incógnita.
La venta de Pronovias pone a prueba una vez más la resiliencia de la clase empresarial catalana. Pronovias es uno de los iconos de la burguesía catalana en el siglo XX, una de tantas empresas que supieron captar los vientos del mercado, apostaron por salir a vender al extranjero, y le dieron al textil catalán una segunda vida de prestigio cuando las míticas fábricas del río Llobregat, que habían protagonizado la particular revolución industrial catalana, ya hacía mucho tiempo que se habían trasladado a otros países con mano de obra más barata. También es uno de los iconos del emprendimiento, cimentado en la historia de los Palatchi, una familia judía sefardí de origen turco, que llegó a Barcelona tras la I Guerra Mundial, y que levantó desde cero una empresa de talla mundial.
Por este motivo, de entre los dos candidatos para rescatar a Pronovias, la Generalitat y el mundo empresarial prefieren a Desigual, aunque pocos entienden qué motivación puede tener Desigual para comprar. Ante el declive de Pronovias, la Administración catalana se movió para que fuese otra empresa catalana o con una presencia relevante en Barcelona la que salvase a la compañía, y tras intentarlo, sin éxito, con Mango y con Tendam (antiguo Cortefiel), ha sido Desigual quien ha dado un paso adelante. Esta compañía también es uno de los iconos del textil catalán con vocación internacional —fue fundada en 1984 en el barrio del Raval, y ahora está presente en 107 países—, y también cuenta con el aura de emprendimiento del enigmático fundador, Thomas Meyer, de origen suizo, quien a partir del diseño de una chaqueta tejana se convirtió en una de las personas más ricas de España.
El juzgado tiene sobre la mesa la propuesta de Desigual y también la de Enduring, un fondo de inversión estadounidense. Desigual es la opción catalana e industrial, mientras que la llegada de Enduring implicaría sumar un nuevo fondo en la historia de experiencias fallidas con los fondos que han gestionado Pronovias desde que Palatchi vendió la empresa a BC Partners.
El fracaso de los fondos
BC Partners sufrió las consecuencias de la pandemia y la cancelación de las bodas, pero la caída de ingresos, las pérdidas y el aumento de la deuda que Pronovias tuvo en esos años no se explican solo por la covid. La empresa, bajo la batuta de la consejera delegada Amandine Ohayon, llevó a cabo una estrategia de compras de empresas, de fragmentación de la estructura internacional de la compañía, y de alianzas con diseñadores, que con el tiempo se demostró desacertada.
La situación llegó a ser tan precaria que, en 2022, los fondos acreedores Bain y MV Credit se hicieron con la compañía a cambio de una reducción de la deuda contraída por el anterior propietario. El nuevo consejero delegado, Marc Calabia, venía de Springfield, y pese al nuevo plan estratégico, la nueva propiedad no logró darle la vuelta a la situación. Según fuentes conocedoras de todo el proceso, incluso se empeoró, con un deterioro de la relación con los mayoristas, y una mala gestión comercial. Calabia salió en julio de 2025, y le sustituyó una ejecutiva de perfil más financiero, Cristina Alba, quien pese a intentar meterse de lleno en el negocio, se encontró con el impedimento de los fondos de inyectar más dinero, que ya habían aportado más de 135 millones sin ver un retorno.
Los resultados de 2025 de Pronovias, que cuenta con una gran sede en El Prat de Llobregat, muestran este declive: la compañía facturó 88 millones de euros, un 15% menos que el año anterior, y obtuvo un resultado bruto de explotación negativo de nueve millones (frente al positivo de cinco millones en 2024). Sin embargo, según explican las mismas fuentes, los fondos han trabajado para sanear la compañía de una deuda que llegó a ser de 131 millones en 2023. Con todo, la empresa todavía necesita una inyección de unos 20 millones de euros de capital.
Ante estas circunstancias, los propietarios decidieron presentar el prepack concursal, un paso previo al concurso de acreedores, y las ofertas que el juez tiene sobre la mesa son muy parecidas al plan presentado en el prepack. Este pasa por desinvertir en las compañías adquiridas en los últimos años, rehacer las estructuras con los mayoristas y recortar empleo: de los 600 trabajadores que tiene Pronovias —entre las oficinas centrales y las redes comercial y de puntos de venta, una plantilla que ya sufrió un ERE en 2024—, tanto Desigual como Enduring prevén quedarse con unos 400, según varias fuentes consultadas.
El futuro de Pronovias
La vuelta de Palatchi está totalmente descartada, y su hijo ya fundó una marca propia. La cosa está entre Desigual y Enduring. El juez tomará la decisión este mes de abril, y dependerá del precio de las ofertas, del programa de recortes de plantilla y puntos de venta que prevé cada propuesta, entre otros aspectos. Más allá de esto, la dificultad de la operación radica especialmente en el encaje que Pronovias pueda tener en el mercado actual de la moda nupcial, así como en la empresa que finalmente se haga con ella. En primer lugar, por las perspectivas de crecimiento que tenga Pronovias en el mercado nupcial actual: esta compañía ha cimentado su crecimiento en comprar vestidos relativamente baratos a mayoristas, sobre todo asiáticos, para venderlos de forma personalizada y con buen margen en sus más de 120 tiendas y 4.000 puntos de venta en todo el mundo, bajo una marca de prestigio que logró consolidar un mercado muy atomizado. Según explican fuentes del sector, especialmente tras la pandemia, ahora este mercado vuelve a estar muy atomizado: las novias prefieren casarse con vestidos de diseñadores y casas pequeñas pero con personalidad, y un gigante como Pronovias tiene poco recorrido.
En segundo lugar, si el comprador es Desigual, el reto es encajar un negocio tan concreto y complejo como el de los vestidos de novia en otro, el del prêt-a-porter, que no tiene las mismas lógicas, aunque formen parte del mismo mundo. Los vestidos de novia requieren de un trato personalizado y exquisito (“una novia en principio es un cliente que no repetirá, pero sí recomendará”, recuerdan fuentes del sector), de un equipo de arreglos, y de unas cadenas de suministro muy concretas.
Pese a estas dificultades, Desigual puede aprovechar una marca muy icónica y darle la vuelta de la misma forma que ha dado la vuelta a su propia marca y a todas sus tiendas, que se han renovado en los últimos años, a la vez que puede aprovechar el momento de recuperación que vive: tras algunos ejercicios de caída de ventas, la compañía de Thomas Meyer ha vuelto a tener beneficios, con 313.000 euros de ganancias en 2024 y una facturación de 332 millones de euros. La compañía barcelonesa también puede aprovechar las sinergias que ya existen entre ambas empresas: el propio Calabia recaló en Desigual como director de producto, y varios cargos de marketing también saltaron de Pronovias a Desigual. Ambas empresas incluso comparten la misma agencia de comunicación. Frente a los que creen que Pronovias es “un cadáver andante sin solución” y a los que no entienden cómo Desigual se mete en una empresa con este historial, otros creen que es una oportunidad que se debe aprovechar.
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