Amparo Moraleda, una ingeniera para romper el eje franco-alemán en Airbus

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Amparo Moraleda Martínez (Madrid, 61 años) asumirá la presidencia del consejo de administración de Airbus, el gigante aeroespacial europeo. Nadie que no fuera francés o alemán lo había presidido jamás. Ella es española, ingeniera industrial, y lleva 40 años acumulando pacientemente los méritos necesarios para que eso fuera, finalmente, inevitable.

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 La empresaria será la primera española —y primera persona que no es francesa ni alemana— en presidir el mayor fabricante de aviones  

Amparo Moraleda Martínez (Madrid, 61 años) asumirá la presidencia del consejo de administración de Airbus, el gigante aeroespacial europeo. Nadie que no fuera francés o alemán lo había presidido jamás. Ella es española, ingeniera industrial, y lleva 40 años acumulando pacientemente los méritos necesarios para que eso fuera, finalmente, inevitable.

El nombramiento se aprobó el día 14 en la junta general de accionistas celebrada en Ámsterdam. Sustituye al alemán René Obermann, que dejará la presidencia el 1 de octubre. La primera reacción pública de Moraleda fue agradecer la confianza y elogiar a su predecesor: “Me gustaría felicitarlo por su diligente gestión durante un período marcado por importantes crisis, especialmente la pandemia, las interrupciones en la cadena de suministro y el empeoramiento del entorno geopolítico”.

Llega en un momento delicado. Airbus entregó solo 114 aviones en el primer trimestre de este año, su peor arranque desde 2009, frenada por los retrasos en la cadena de suministro, con especial impacto de la escasez de motores de Pratt & Whitney. La cartera de pedidos, sin embargo, supera los 9.000 aparatos.

Es decir: el fabricante de aviones comerciales más demandado del mundo no logra producir al ritmo que le exige el mercado. El nuevo reto del rearme europeo, que convierte a Airbus en pieza central de la defensa del continente, añade otra capa de presión. Su llegada refuerza la presencia femenina en la cúpula empresarial europea, junto a figuras como Ana Botín, Marta Ortega, Beatriz Corredor o María Dolores Dancausa.

Su historia empresarial empieza en 1988. Moraleda tiene 23 años, se acaba de graduar en el ICAI ―la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Universidad Pontificia Comillas― y ese año la contratan como técnica de sistemas en IBM España. Antes había estudiado en el Liceo Francés de Madrid. En paralelo, mantiene una temprana vinculación con el ámbito académico: entre 1988 y 1996 ejerce como profesora asociada en el departamento de Gestión de Producción del ICAI y en la Escuela de Organización Industrial. Sin dejar IBM, en 1995 completa el Programa de Dirección General del IESE Business School. En 2001, la University of Southern Mississippi le concede el doctorado honoris causa.

Durante sus primeros años en IBM trabajó bajo la tutela de Juan Carlos Usandizaga, entonces presidente de IBM España, a quien describe como su gran mentor. “Esos ocho meses supusieron un máster intensivo en vivo y en directo de cómo se gestiona una empresa”, contó. “Y fue, además, mi gran oportunidad”.

En 1996 tomó una decisión que, pensó entonces, podía costarle la carrera. Su marido, Salvador, también directivo de IBM, fue destinado a París. Ella optó por seguirle y asumió el cargo de directora de recursos humanos de la organización europea de IBM Global Services. Al año siguiente, embarazada de su segunda hija, pidió volver a Madrid para dar a luz. En aquella época, una ejecutiva que solicitaba dos traslados en dos años por motivos familiares corría el riesgo de quedar apartada. No ocurrió así. A su regreso coincidió con un relevo interno en la cúpula y aprovechó la oportunidad: fue nombrada directora general de Ingeniería de Software Avanzado, una filial que bajo su mandato pasó de 500 a 1.600 empleados y triplicó su facturación.

El siguiente salto llegó en 2000. Louis V. Gerstner Jr., entonces presidente mundial de IBM, la llamó a Nueva York para incorporarse como ejecutiva adjunta. Un año después fue nombrada presidenta ejecutiva de IBM España y de IBM Portugal; en 2005 amplió su responsabilidad a Grecia, Israel y Turquía. Al frente de la compañía en la península dirigió la transición de la multinacional hacia el negocio de servicios y coincidió con proyectos tecnológicos emblemáticos como MareNostrum, el superordenador instalado en Barcelona que situó a España en la primera línea europea de la supercomputación. En 2005, además, entró en el Hall of Fame de Women in Technology International.

El siguiente paso desconcertó a más de uno. En lugar de buscar otro gran cargo ejecutivo en tecnología, fichó por Iberdrola como directora de operaciones de su división internacional, con responsabilidad sobre Reino Unido y Estados Unidos. Era otro sector, otro negocio y otra cultura corporativa.

Cuando le preguntaron si tenía dudas, contó que consultó a su marido y que este le respondió con una pregunta: “¿Cuántos hombres que estuvieran en tu misma situación familiar se estarían pensando aceptar el puesto? Ninguno”. Aceptó.

Desde la década siguiente construyó una carrera poco habitual en el empresariado español: la de consejera independiente profesional de primer nivel europeo. Ha formado parte de los consejos de Faurecia, Solvay, Alstom, Meliá Hotels International, CaixaBank –de la que fue vicepresidenta hasta febrero de este año–, Vodafone y A.P. Møller-Mærsk, la mayor naviera del mundo.

La entrada en Airbus, en 2015, tuvo una dimensión política. España controla alrededor del 4,1% del capital del grupo a través de la SEPI, frente al 10,8% de Francia y Alemania, y mantiene en él una presencia industrial de gran peso, con unos 14.000 empleados en el país.

Cuando quedó vacante el asiento español tras la salida de Josep Piqué, el Gobierno de Mariano Rajoy promovió la candidatura de Belén Romana, pero Airbus terminó inclinándose por Moraleda. En una década dentro del consejo, ha presidido el comité de nombramientos, retribuciones y gobernanza, y ejercido como consejera coordinadora, una posición clave dentro del sistema de gobierno del grupo.

Quienes han trabajado con ella la describen como discreta, metódica y rigurosa. Ella misma ha resumido su filosofía en una frase que ha repetido públicamente: “Todos los días tenemos que enterrar el ego”. El referente familiar que más ha citado es su abuela, una mujer marcada por la posguerra que sacó sola a la familia adelante. De ella aprendió una idea: que el único camino hacia la independencia de la mujer pasa por la autonomía económica y profesional.

Su tarea no será sencilla. Airbus llega al relevo con la cadena de suministro bajo presión y las entregas por debajo de lo esperado. Al mismo tiempo, mantiene una cartera de pedidos histórica y afronta una creciente presión estratégica en defensa. Para una ejecutiva acostumbrada a moverse en entornos complejos con discreción, parece el escenario perfecto.

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