Cristina Fernández Cubas, ganadora del Cervantes: “En el cuento eres siempre un artista de circo sin red”

Aparece esta mañana en la Casa del Llibre de Barcelona Cristina Fernández Cubas envuelta en una gabardina beis que le da una conveniente aura de misterio, y con un aire de cansada. La flamante ganadora del Premio Cervantes dice que ayer fue un día complicado y aún está asimilando la noticia del galardón. “Todavía estoy grogui, zombi, voy bajando”, señala. Pero en seguida se echa la bufanda hacia atrás con decisión y toma asiento en el auditorio de la librería junto a su editor Juan Cerezo y un atril con algunos de sus títulos en Tusquets: La habitación de Nona, Todos los cuentos y, el último, Lo que no se ve.

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 La escritora catalana reflexiona que lo que caracteriza a su creación es “lo inquietante”  

Aparece esta mañana en la Casa del Llibre de Barcelona Cristina Fernández Cubas envuelta en una gabardina beis que le da una conveniente aura de misterio, y con un aire de cansada. La flamante ganadora del Premio Cervantes dice que ayer fue un día complicado y aún está asimilando la noticia del galardón. “Todavía estoy grogui, zombi, voy bajando”, señala. Pero en seguida se echa la bufanda hacia atrás con decisión y toma asiento en el auditorio de la librería junto a su editor Juan Cerezo y un atril con algunos de sus títulos en Tusquets: La habitación de Nona, Todos los cuentos y, el último, Lo que no se ve.

“Tenía que llegar, el Cervantes”, arranca Cerezo, que lanza algunas de las cosas que se han dicho sobre Fernández Cubas y que dan, apunta, para muchas fajas de libros: la mejor escritora de cuentos en español, la maestra del relato de terror y fantasía, una pionera del género, mujer ejemplar… Cristina Fernández Cubas (Barcelona, 81 años) subraya su sorpresa por el Cervantes y casi sin apercibirse de ello relata la llegada de la noticia como un principio de cuento. “No tenía ni idea, no me lo imaginaba. Pasé la mañana de oculistas y estaba viendo una película en casa cuando sonó el teléfono. Vi un número desconocido y estuve a punto de no coger: ventas o estafas. Pero al final lo cogí para que dejara de sonar. Estuve muy antipática de entrada, con un frío ‘dígame’. Y era el ministro de Cultura. Me quedé de piedra, sin palabras, un sorpresón”.

Ahora está más tranquila, más “de peus a terra”, dice. “Me gusta mucho que se me haya valorado como escritora de cuentos porque entiendo que es un premio al cuento como género”, recalca y señala que ella es amante del cuento como autora y como lectora. Abunda que su Cervantes “es un espaldarazo para todos los cuentistas, esa gran familia”. Y recuerda que cuando ella empezó, “allá por los años ochenta del pasado siglo, el cuento no tenía reconocimiento, no existía, no interesaba a los editores”. Tuvo mucha suerte, explica, de que Beatriz de Moura se entusiasmara con sus cuentos: “Le gustaba de ellos, decía, lo extraño y lo incomprensible, y publiqué en Cuadernos Ínfimos [la colección Mi hermana Elba, 1981, luego Los altillos de Brumal]. Eso pasó gracias a Beatriz, no habría habido nada sin ella”.

Preguntada sobre el hecho de que solo sea la séptima mujer en ganar el premio, dice que “esto está cambiando. ”Y el siete es además mi número de vida, lo que me parce un buen augurio, por supuesto sería mejor ser la ganadora número 23”. Aprovecha para recordar “cuántas mujeres escritoras de primera fila hemos tenido en España” y cita a Ana María Matute, Carmen Martín Gaite o Carmen Laforet, “todas primeras espadas, esas mujeres eran geniales.

Explica que ella llegó al cuento “de forma natural, cuando era un atrevimiento presentarte en las editoriales con un manuscrito con cuatro relatos”. De sus hábitos de escritura revela que antes era muy nocturna: “Solo vivía de noche, cuando se encendía el primer farol, como un vampiro. Pero ahora soy diurna a tope, escribo antes de ducharme incluso, con un cortadito, es como las matinales de los cines, que entrabas con la pantalla sin estrenar, sin estar contaminada tú por los hechos del día. También trabajo algunas tardes, pero por la noche ni hablar”.

Afirma que no tiene fórmulas para escribir. “Cada cuento es un empezar de nuevo, un proceso que tiene mucho de aventura. Me meto en líos de los que no sé cómo saldré. Me gusta esa sensación aventurera. En el cuento no tienes nada garantizado, puede caerse en cualquier momento”. En ese sentido, compara al autor de cuentos con “un artista de circo sin red, todos somos funambulistas, trabajamos sin red, con el peligro de que pierdas la chispa inicial, la pimienta del cuento. En la novela puedes fallar un capítulo y no pasa nada. El cuento requiere una tensión que ha de estar presente de principio a fin. Y puedes caer en cualquier momento”. ¿Qué es lo que no hay que hacer en un cuento? “Tratar de meterlo todo, en un cuento importa tanto lo que dices como lo que callas”. Para ella, “los lectores de cuentos son gente muy especial, alguien que no tiene prisa, una especie de compinche o de cómplice, un colaborador que va descubriendo el cuento como tú; al lector de cuentos no le gusta que le des las cosas masticadas”.

Insiste Fernández Cubas en que no esperaba el Cervantes y menos tras ganar el Nacional de las Letras hace tres años. “La posibilidad siempre existe, claro, y había gente, amigos que me lo decían, ‘lo ganarás’, pero yo veía que antes había muchos otros autores. Te llaman, te pillan por sorpresa. Es una emoción muy bonita en realidad”.

Dice que está muy activa. “Este verano me entraron muchas ganas de escribir pese al calor, a contracorriente, disfrutando mucho”. Señala que no escribe para ganar premios, “sino para vivir historias”. “Lo que más me gusta es el proceso de escribir, descubres cosas que no sabías, cosas del comportamiento humano; estás muy sensible, es un proceso misterioso; tengo que estar muy implicada, y no siempre lo estás, a veces comienzo muy implicada y luego me aburro“.

De su adscripción a la fantasía y al terror dice que no cree que ella sea terrorífica. “Aunque tengo algún cuento de terror-terror como Hablar con viejas, del que yo fui la primera asustada. Lo que yo escribo lo calificaría de inquietante. Y si no me inquietara yo no inquietaría al lector. Ese estado de ánimo se comunica a los lectores”.

Recuerda que siempre le decían al empezar su carrera ‘¿y la novela?’, como si los cuentos fueran una preparación. “Para mí el cuento es un género en sí mismo y no una antesala de nada”. Puntualiza por eso que ella tiene publicadas tres novelas.

Se la ha premiado como renovadora. “Introduje quizá una especie de libertad, pero eso no he de decirlo yo”. Preguntada por si tiene algo en la mesa de noche para publicar, dice que no y bromea con que en la mesilla “antes tenías un vaso de agua y libros pero ahora está llena de medicinas, y eso muestra la edad de una persona”.

De nuevo sobre la novela y el cuento, abunda que son muy diferentes. “La novela te permite excursiones, el cuento es más tiránico. Exige una economía de personajes y recursos, y es tan importante, insisto, lo que se dice como lo que no”. Agrega que “la novela sabe esperar, pero los cuentos son como un amante infiel, si te despistas, se van con otra”.

Tras el premio nacional a Enrique Vila-Matas, ¿se está reivindicando a una generación? “Sí, parece una conjura, me gusta mucho Enrique, podemos celebrarlo juntos”. ¿El discurso de aceptación? “Aún no lo he pensado, me encanta que sea el Cervantes, igual tengo algo que decir sobre él, sobre cómo llegué al Quijote…”.

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