Isabel Allende, premio Planeta 2026: “Cuidado con la extrema derecha y la extrema izquierda, el autoritarismo acentúa los problemas”

Isabel Allende, Premio Planeta 2026 por su novela 'La hora antes del alba'.

Las olas de la historia siempre regresan y la atmósfera de la dictadura de Pinochet que Isabel Allende plasmó en La casa de los espíritus vuelve a ser la música de fondo de su nueva novela, que llega mientras la ultraderecha avanza de nuevo en todo el mundo. Es en este contexto en el que la autora chilena firma su continuación, La hora antes del alba, que se ha alzado con el premio Planeta 2026 y que llega hoy a las librerías.

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 El nuevo libro de la autora chilena, continuación de ‘La casa de los espíritus’ 44 años después, tiene menos fantasmas y más fascismo del mundo terrenal  

Las olas de la historia siempre regresan y la atmósfera de la dictadura de Pinochet que Isabel Allende plasmó en La casa de los espíritus vuelve a ser la música de fondo de su nueva novela, que llega mientras la ultraderecha avanza de nuevo en todo el mundo. Es en este contexto en el que la autora chilena firma su continuación, La hora antes del alba, que se ha alzado con el premio Planeta 2026 y que llega hoy a las librerías.

“La idea anduvo rondando en mi cabeza por mucho tiempo”, reflexiona en vísperas de su publicación, cuando se le pregunta por qué la continuación de La casa de los espíritus llega 44 años después. Pero “se hizo más urgente en los últimos años, cuando hay tantas democracias amenazadas por el autoritarismo, una fascinación por los déspotas. En la época de Trump, esta angustia se me ha acentuado”.

Isabel Allende, nacida en Lima en 1942, responde a EL PAÍS por correo electrónico, sin eludir prácticamente ninguna de las preguntas y conectando el espíritu de su escritura con un presente que amenaza las libertades y la igualdad. “La polarización se ha acentuado, las diferencias de conocimiento, recursos y opciones son cada vez más grandes. La IA contribuirá a esa diferencia. Los que se van quedando atrás están furiosos y no es para menos. Los que tienen un poder mesiánico, como los billonarios de hoy, viven en una burbuja que pretenden preservar intacta cuando el resto estalle en llamas”, asegura.

—¿Nuestras democracias están en peligro, entonces?

—Varias democracias están en peligro. Cuidado con la extrema derecha y la extrema izquierda. El autoritarismo no resuelve los problemas, los acentúa. En una democracia, el cambio es posible, en una dictadura puede tardar décadas.

Su pensamiento literario está, por tanto, marcado por el presente, pero miremos el libro, que no se sitúa en este tiempo, sino en el mismo punto en que lo dejó en 1982: La hora antes del alba recupera los personajes que le dieron fama y un éxito mundial de ventas en La casa de los espíritus, y cierra un círculo con eslabones a la vista que auguran más posibles entregas en el futuro. Alba, la protagonista, recupera la libertad tras ser apresada y torturada por el régimen y afronta las pérdidas de su familia, la desaparición de su amado, un embarazo incierto y una persecución que no va a cesar.

La gran escritora chilena desdibuja aquí el aire fantasmagórico de aquella casa y saga familiar para intrincarse en una trama más realista, más terrenal, de retrato contundente del fascismo y los modos de la dictadura. Los espíritus aún existen, pero pesan más las crueldades y represiones terrenales de un tirano y sus secuaces que asolan a la sociedad chilena. Aquí encontraremos amor, abusos, desigualdad entre clases sociales y un embarazo capital porque el padre de la criatura puede ser el opresor que viola o el revolucionario enamorado. La fina línea entre dramas que se superponen en capas captura al lector enfrentado a una genealogía de la diferencia, del poder, pero también de la solidaridad y la superación. ¿La desigualdad es insuperable en nuestra sociedad?, pregunto. “Históricamente, lo es”, responde Allende. “Muy pocos pueblos viven en un régimen igualitario —tal vez un buen ejemplo sean los indígenas americanos antes de la llegada de los blancos y otras tribus—. Incluso en el comunismo más estricto hay clases privilegiadas. Pero el hecho de que no sea posible en el patriarcado no significa que no debamos aspirar a ello”.

Allende ha removido el panorama editorial de la temporada al abandonar el barco de Plaza & Janés, perteneciente al grupo Penguin Random House, donde publicó aquella y todas sus demás obras, y saltar a la competencia planetaria de la mano del premio comercial con mayor dotación en lengua española: un millón de euros y una extensa promoción universal. Lo ha hecho tras dejar la agencia Carmen Balcells y de la mano de su nueva agente, Johanna Castillo, a quien agradece, como también a su hijo y a su nuera, el impulso para abordar este proyecto. ¿Cómo vive ella este giro, esta ruptura y salto a la competencia? “Un cambio como este no es una ruptura con el pasado, sino una exploración del futuro. Me unen muchos lazos a la editorial Plaza & Janés y a las personas que me han acompañado durante décadas”, asegura, mientras advierte que no le toca a ella discutir si todo su catálogo pasará a Planeta. “Yo me dedico a escribir. Mi agente y las editoriales llegarán a los acuerdos necesarios cuando llegue el momento”.

Su universo pervive más allá de editoriales a partir de un estilo que ella no se anima a describir (“le corresponde a los críticos y a los profesores”) y una conciencia de habitar en un mundo donde los muertos, sus muertos, le aportan una capa de valor a su literatura y a su vida. “En un ejercicio de amor e imaginación, he mantenido siempre presentes en mi vida a los ausentes queridos, como mis padres, mis abuelos y mi hija Paula. Me siento protegida por ellos, les pido consejo. No veo fantasmas ni hablo con los ángeles, pero vivo con la sensación de misterio”, afirma. Y es que “hay otras dimensiones de la realidad a las cuales procuro acceder en la escritura”.

A Allende le encantaría preguntar a sus lectores “por qué me leen con tanta fidelidad, qué les aportan mis personajes” y, frente a las advertencias que le hizo Carmen Balcells hace 45 años sobre el doble esfuerzo que tiene que hacer una mujer para obtener la mitad de reconocimiento y respeto, sabe que lo ha conseguido. “Si además tengo éxito comercial, me pondrán la vara muy alto y cuando puedan me van a despellejar. Pero no puedo quejarme, me ha ido muy bien, como se puede ver en la lista de premios internacionales de mi página web”.

¿Y cuáles son los retos que aún se plantea como escritora? “Ningún reto. El Premio Planeta es el único que me he planteado, los otros me han caído del cielo sin buscarlos. He escrito durante casi medio siglo por el placer de contar y para mí la palabra escrita no es una carrera de obstáculos, es una forma de vida”. Palabra de Allende.

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